Con firmeza Johany Humberto Palmera Carreño afirma que donde hay un humano hay una plaga. Fue así, bajo la convicción de que podría generar un negocio rentable, que se aventuró a hacer empresa.

Publicado por: DIANA C. LEÓN DURÁN
Eso sí, con tropiezos al principio que le permitieron pensar posteriormente en cómo podría tener un negocio que perdurara en el tiempo.
Palmera Junior, su empresa actual, arrancó como Central de Fumigación Palmera Junior desde 1995, “toda mi familia tenía en sus labores empresas de fumigación y yo seguí la misma actividad. A raíz de que cuando empecé a estudiar ingeniería ambiental entendí que la fumigación era una forma de contaminar, entonces con base en eso saqué un proyecto. Pensaba en de qué forma podría continuar con los parámetros de mi carrera profesional y así mismo con el negocio de tradición en la familia”, asegura.
Con esta premisa en mente y teniendo en cuenta que los fumigantes tradicionales son tóxicos y contaminantes, decidió emprender un camino diferente e idear un método de control de plagas sin contaminantes.
Optó entonces por especializar su empresa en el control de las plagas a través de programas, que incluyen la utilización de feromonas y cairomonas (atrayentes sexuales), y un estudio detallado del comportamiento de las plagas.
“Hay que determinar específicamente qué plaga tiene y cómo se comporta. Eso nos llevó a ser la empresa líder en Santander en el control de plagas con un enfoque sin químicos y por ende somos las que más empresas tenemos como clientes, en campos como el de alimentos. Nuestros clientes en este campo pueden garantizar que cumplen plenamente con la inocuidad de la producción de alimentos”, dice el empresario.
Recientemente la firma desarrolló su primer producto que ya está rotando en el mercado. Se trata de Palmera Gel, que sirve para controlar las cucarachas en los hogares a través del uso de feromonas y que se aplica sin ningún tipo de riesgo para la familia.
Ensayo y error
Tener una empresa exitosa en su campo no fue tarea fácil para este empresario.
Incursionó en el negocio a sus 18 años siguiendo los pasos de su padre. Luego de un tiempo con apoyo de éste y un tío montó su propio negocio.
“Yo empecé con una bomba de espalda y un insecticida. Con eso me mantuve unos tres años pero sabía que no podía quedarme solo en eso y ser un fumigador más”, cuenta.
Posteriormente inició con su carrera profesional de ingeniería ambiental, lo que orientó y fue la base para concentrarse en la especialidad que hoy define su empresa: control de plagas sin contaminantes.
Al principio no fue una tarea fácil. “Los clientes por lo general tienen la idea de que durante el trabajo de exterminio de plagas sale humo, se expele cierto olor. Pero ese no se produce con nuestros métodos. El hecho de que la gente conociera nuestros procedimientos y se convenciera de nuestro trabajo tardó casi tres años”, asegura.
“En 15 años veo la empresa con presencia en muchas más ciudades y exportando”, concluye.
A corto plazo la empresa considera viable exportar a México y República Dominicana.
Proyectando la expansión
Luego de 17 años de trabajo continuo, la empresa ha generado su expansión hacia otros lugares del país a través de franquicias que hoy se posicionan en Barranquilla, Bucaramanga, Cúcuta, Barrancabermeja, Cali y Bogotá. Es así como esta empresa santandereana genera más de 90 empleos en el país.
Sin embargo, con la consolidación que ya ha logrado la firma de control de plagas, el empresario Palmera Carreño asegura que ya es hora de pensar en sucursales propias y la primera se instalaría en Medellín.
Así mismo planea empezar a implementar nuevos métodos para el control de plagas con métodos novedosos en el país, que se empezarían a aplicar en Bucaramanga.
Entre ellos está implementar un sistema de eliminación de plagas por temperatura, con la aplicación de CO2 a -80 grados centígrados, por lo que la plaga muere de un choque térmico y finalmente el CO2, se incorpora a la atmósfera sin curva de humedad.












