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Domingo 26 de agosto de 2012 - 12:00 AM

Reviven promesas en la tierra del olvido

Don Juan Martínez cumplió 60 años caminando de 4 a 6 kilómetros diarios, buscando trabajo por el hilo de la carretera que ha traído desdicha a la región de Virolín, un corregimiento de Charalá (municipio santantandereano) donde el tiempo parece que se hubiera detenido en la peor de sus épocas.

Saliendo de Charalá, sólo unos cuantos kilómetros de la vía están pavimentados. Cuando se entra al corregimiento de Virolín el terreno es escarpado.
Saliendo de Charalá, sólo unos cuantos kilómetros de la vía están pavimentados. Cuando se entra al corregimiento de Virolín el terreno es escarpado.

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Publicado por: DIANA C. LEÓN DURÁN.

 “Aquí vivimos de la nada, porque ni una gaseosa se consigue”, asegura Joselín Vega, un pensionado que vive desde hace tres años en este sector, al frente de una iglesia desolada, donde ya ni va el cura.

Y es que sobre la carretera que conduce desde Charalá hasta Duitama, que atraviesa los departamentos de Santander y Boyacá, son más las casas que se encuentran abandonadas que las habitadas.

Del puesto de salud, la caseta de Telecom y el Colegio Ecológico que dio vida al Santuario Fauna y Flora Guanentá Alto Río Fonce, sólo quedan los muros, las paredes y los recuerdos.

La razón de este sombrío panorama para quienes se niegan a abandonar este territorio rodeado por paisajes de ensueño y clima de páramo parece ser la misma: una carretera destapada, donde no circula transporte público y el invierno ha hecho que sus pocos habitantes sobrevivan en medio de un viacrucis inimaginable para la gente de las ciudades, acostumbrada a andar en carreteras pavimentadas.

“Para nosotros es importante que se pavimente esta carretera no sólo porque nos queda más cerca Bogotá, sino porque la gente necesita sacar sus productos. Cuando hay invierno los carros quedan varados y la gente ni siquiera puede salir a traer mercado”, asegura Rosalba González, una habitante de la región.  

Con esta carretera llegar hasta un puesto de salud es una tortura.  Para sacar algún paciente con una enfermedad crónica hay que contratar un expreso que cuesta entre $70 y $80 mil. Transitar en moto continuamente también les trae a sus habitantes riesgos para la salud, como problemas en la matriz para las mujeres.
Hasta el transporte público que circulaba prestado por Copetrán y Transbolívar, dejó de transitar por las condiciones de la vía.

La primera carretera
Paradójicamente, según reseña la historia, ésta fue la primera carretera que comunicó a Santander y Bogotá.

“Desde 1924 empezó a gestionarse esta carretera y se hizo con recursos de la Nación. Todo el movimiento económico de Santander giraba en torno a este corredor vial con recursos que se sacaron de una Ley de Honores que promulgó el gobierno Nacional con motivo del primer centenario del fusilamiento de la heroína Antonia Santos Plata en 1919”, dijo el historiador, Pedro Antonio Vivas Guevara.

Sí hubo concesión, pero sin vía
Detrás de las cientos de promesas de pavimentación de la vía, lo cierto es que sí se han concretado esfuerzos que no han tenido un final feliz.

Esta redacción conoció un documento del 1 de julio de 2009, en el que se hacía referencia a una reunión celebrada en Duitama. Para esta época se informó que los estudios y diseños para la pavimentación estaban adelantados en un 80% y ya estaba completa la topografía a nivel de detalle. Así mismo se aseguró que para octubre de ese año podrían iniciarse obras de la segunda etapa (pavimentación de la carretera) y tener cierre financiero. Para ese entonces la firma Duitama- San Gil S.A., una concesión que se contrató,  tenía pactada su operación a 32 años, con una etapa de construcción de cuatro meses.

Con esta firma se dio el contrato de concesión N° 001563  de 2008, para la pavimentación, cuyo alcance contractual estaba registrado en 174 kilómetros, con un valor estimado de las obras de $219.215 millones.

Sin embargo, el tiempo pasó y de dicha concesión cuyo contrato hoy cursa un proceso de liquidación en un tribunal de arbitramiento, sólo quedan los diseños en fase III, más unos supuestos mejoramientos que realizó la firma.

La concesión demandó al departamento de Boyacá para que responda por una indemnización de $90 mil millones.

Así lo aseguró a Vanguardia Liberal el secretario de Infraestructura de este departamento, Heimer Danilo Martínez Chaparro.

“Ellos pasaron unas pretensiones sumamente altas para lo que habían hecho de la primera fase. Estamos viendo qué se puede pagar de lo que realmente hicieron. Aducen que se hicieron unos mejoramientos viales, pero la concesión nunca tuvo interventoría”, aseguró el funcionario.

Sin embargo, de este contrato del que ya han hecho varias advertencias los entes de control de Boyacá, siguen existiendo muchas dudas, ya que la Gobernación adjudicó por su cuenta la concesión tomando vocería del proyecto hace cuatro años, lapso en el que el Gobierno de Santander aseguró que no existía cierre financiero.

Así mismo, dos veces se ha declarado incierta la adjudicación de la interventoria. Según conocedores del tema, los requisitos para cumplir con la licitación eran imposibles de cumplir, ya que se exigía un profesional con una especialización en predial, un posgrado que no existe en Colombia.

Nuevo aire 
Las nuevas administraciones departamentales han retomado el proyecto. Boyacá estaría dispuesto a invertir mil millones de pesos por kilómetro de la carretera que hace parte de su territorio, mientras que la Gobernación de Santander pondría hasta $80 mil millones. Incluso el Gobierno Nacional se ha comprometido con aportes de $90 mil millones.

Para el proyecto se espera que exista una concesión departamental, según lo expresó el secretario de infraestructura de Santander, Enrique Bueno Rey, y tendrá tres peajes.

Sin embargo, el flujo que puede atraer de transporte tanto para el sector petrolero como de carga es tan interesante, que incluso inversionistas extranjeros han declarado su interés en construirla, como la brasileña Odebrech y la coreana F5, asociada de Hyundai.

Reviven promesas en la tierra del olvido
Reviven promesas en la tierra del olvido

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De lo que muchos recuerdan como una autopista cuando fue inaugurada, la vía San Gil -Charalá tiene hoy sectores críticos como éste. Los hundimientos, la falta de roseo, y cunetas han destruido el pavimento.
De lo que muchos recuerdan como una autopista cuando fue inaugurada, la vía San Gil -Charalá tiene hoy sectores críticos como éste. Los hundimientos, la falta de roseo, y cunetas han destruido el pavimento.

Publicado por: DIANA C. LEÓN DURÁN.

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