
Es más conocido como Luis Humberto de Papín y al llegar a su fábrica se reconoce a simple vista dónde está entrando uno. Zapatos, sandalias, suelas, cueros, cintas y todo tipo de insumos se topan para dar vida en la mano de los casi 30 empleados que tiene a una de las marcas más reconocidas de calzado masculino en la ciudad: calzado Papín.
Cada rincón de su empresa rememora una industria que se forja a mano en Santander como lo ilustra uno de los cuadros que cuelga en su oficina: Un taller artesanal de calzado, de cuero puro, de trabajo parejo y rudimentario, de manos callosas y de zapateros de pura sepa, de donde cuelga el letrero ‘La casa del cuero S.A’.
Pues bien, tal vez es este cuadro el que le recuerda todos los días a Luis Humberto, de dónde viene. De una familia zapatera pues tanto su padre, como su madre y sus hermanos han dedicado su vida a fabricar calzado.
Sin embargo, él no empezó por el cuero. Su pasión por el diseño no nació precisamente entre un par de zapatos. Nació del oro.
“Yo vengo de una familia muy humilde pero afortunadamente la gente me ha ayudado mucho y me prestaban platica, en la noche diseñaba algo y doña Nubia me ayudaba a fundir. Yo soy cuñado de Hernán Buenahora y él también me prestaba en cheque, y hasta mi papá me sacó un crédito, yo recuerdo mucho lo que él me dijo: mijo con crédito usted compra lo que quiera pero con plata compra lo que tiene en su bolsillo. A mi se me quedó eso grabado”, asegura.
En su empresa de joyería generaba 16 empleos, pero luego de la crisis del oro (cuando cayeron las Torres Gemelas) decidió acabar el negocio, incluso algunos de sus colaboradores se fueron a trabajar con él en la zapatería.
Empezó entonces con buenas referencias en cuanto a pagos, lo que le dio impulso a su empresa.
Cuero por oro
Este empresario de 37 años inició en los negocios cuando tenía 18 trabajando en joyería. Pero atravesó una época muy difícil para los joyeros porque la cotización del oro se disparó, “empezó a subir y bajar, y cuando uno fabricaba e iba a vender perdía plata”. Así que decidió acabar la joyería, vender las máquinas que tenía y emprender un nuevo negocio.
Su familia que cuenta con una gran trayectoria en el gremio de zapateros le aconsejó que tomara este mismo camino .
“De entrada me robaron. Fue una estafada que hubo en San Francisco. Llegaron unos señores a comprar zapato de contado, los entregamos y nunca nos pagaron. Después me empecé a meter de lleno. Siempre me ha gustado hacer algo diferente y también inicié por participar de las ferias de calzado y las asociaciones. En la primera feria hice buenos negocios con los almacenes de cadena. Y cuando fui a la de Bogotá, arrimadito a un primo que también participó, hice un negocio bueno con Venezuela”, comenta el empresario.
Fue así como iniciaron los negocios más importantes de esta empresa y de la marca Papin, que ha calzado a reconocidas personalidades como Mockus, el humorista ‘Alerta’ y Jairo Martínez, entre otros.
El calzado que elabora es atrevido en cuando a estilos, colores y hormas. “Yo marco moda en el país y la gente no cree que es santandereana”.
Es así como también desde su fábrica en Floridablanca la empresa ha exportado a Venezuela, República Dominicana, Ecuador y Curazao entre otros países.
Ampliar las fábricas
Uno de los aspectos que ha frenado a los empresarios del sector en Santander es la falta de infraestructura adecuada en el interior de las empresas para que éstas puedan ser competitivas.
Gran parte de ellas tienen que trabajar en casas que han adaptado para el trabajo, lo que limita la producción, ya que no hay espacio suficiente, el transporte se hace difícil y los costos son altos.
Así que Luis Humberto sueña con que algún día la industria pueda contar con espacios adecuados de desarrollo. “Estamos buscando el apoyo del gobierno porque la mayoría de empresarios estamos trabajando en casas y deberíamos hacerlo en bodegas, para ser más productivos necesitamos que de verdad nos ayuden porque la llegada de calzado chino nos ha afectado mucho sobre todo por la competencia de precios”, puntualizó.

