Viernes 22 de Agosto de 2014
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Domingo 31 de Marzo de 2013 - 12:01 AM

Harinera Pardo: el Ave Fénix de Santander

Suministrada / Vanguardia Liberal
La empresa tiene una planta en Malambo, Atlántico que le permite procesar 1500 toneladas de trigo al mes y almacenar 3 mil 500 toneladas de trigo. En Bucaramanga la compañía genera la producción que se distribuye en el interior del país.
(Foto: Suministrada / Vanguardia Liberal)
En Santander son muy pocas las empresas que pueden darse el lujo de decir que han superado los 20 años de existencia.

Es más, en toda Colombia, estudios muestran que más de 80% de las empresas mueren a los cuatro años de creadas y alrededor de 70% de las compañías familiares no llegan a la segunda generación de la mano de sus fundadores.

Pero una compañía nacida en las montañas de Santander, en la provincia de García Rovira, logró salirse de estas desalentadoras estadísticas para convertirse en parte de la excepción a la regla.

Se trata de Harinera Pardo, una empresa nacida en 1911, que hoy en día es la empresa más grande del subsector de molinería de Santander.

En 2011, la compañìa registró activos por $28 mil millones y una utilidad neta de $250 millones, según los datos publicados por la revista 500 empresas generadoras de desarrollo en Santander. Además cuenta con 171 empleados en sus plantas y oficinas de Bucaramanga y Barranquilla y una marca reconocida en los hogares de los santanderes y la costa: Harina Robinson.

Pero esta historia centenaria no se forjó sobre un tapete de rosas.

Adaptarse a las necesidades

La harinera nace en Málaga, Santander, en la segunda década del siglo pasado, como una sociedad comercial. Pero formalmente, como razón social, la empresa surge en 1949, como una sociedad colectiva, modalidad muy utilizada en esa época.

Pero el mismo negocio, la necesidad de ampliar las perspectivas y de estar mejor conectados con el resto del país los lleva a trasladarse a Bucaramanga. Los molinos, la industria de procesamiento de granos para la producción y comercialización de harinas, fue ubicada en la calle 21 No. 11-68, donde aún opera una de sus dos plantas.

La Junta Directiva está conformada por cuatro hermanos, nietos del fundador, y la madre doña Amelia de Pardo (nuera del fundador), que es conocida como una líder y consejera de la empresa.

Para Rafael Pardo Santamaría, gerente general de la compañía, el ser una empresa familiar, que para muchos resulta ser un obstáculo, para la harinera santandereana es un punto fuerte.

Al explicar una de las causas por las que la empresa ha logrado perdurar en el tiempo, Pardo Santamaría explica que “la estrategia  fundamental es la manifestación expresa de todos los socios de Harinera Pardo de su convicción por la unión familiar y  la responsabilidad en la perdurabilidad de la empresa, dedicando todo su esfuerzo en superar las dificultades que se presenten”.

Además, agrega Pardo Santamaría que la prudencia de los directivos les ha permitido tomar decisiones acertadas en momentos de riesgo.
La necesidad de la empresa de fortalecerse en el mercado nacional y de superar los problemas logísticos de acceso que tiene Santander, llevó a sus directivos a construir una nueva planta más cerca de los puertos.

Fue así como en 2011 inauguraron en el Parque Industrial de Malambo, Atlántico, un molino con capacidad para procesar 1.500 toneladas mensuales de trigo, con cinco silos que tienen la capacidad de almacenar hasta 3 mil 500 toneladas de trigo.

Como buena parte de la materia prima es importada, esta planta les ha permitido abaratar los costos de fletes y tener mejor acceso comercial a los mercados de la Costa Atlántica, donde hoy tienen una buena posición con la línea de consumo, Harina Robinson, pero también con la línea industrial.

Al borde del abismo

Aunque la harinera cuenta hoy con una buena posición en el mercado, a finales de los noventa tuvo que afrontar una crisis de grandes proporciones que la tuvo al borde del abismo.

Pardo Santamaría recuerda que en la década de los noventa la empresa hizo importantes inversiones en el sector financiero y de la construcción. Por el año 97 las inversiones en el sector financiero empezaron a perder valor, y las del sector constructor ya no eran viables.

Ante el riesgo inminente de una cesación de pagos, la Junta General de Socios de la empresa decidió solicitar la admisión de un proceso de concordato, que los blindaba de procesos jurídicos pero obligaba a la empresa a reestructurarse y planear cómo cumplir con sus obligaciones.

El directivo explica que fue una decisión difícil: “El temor inicial de los acreedores sobre la recuperación de sus créditos ante la inminencia de una liquidación, que era la perspectiva bajo la que se miraba la figura concordataria, la intranquilidad de los proveedores que llevaron a que algunos rompieran el proceso de suministro de los bienes y servicios que constituían los insumos de la actividad industrial de la empresa, la preocupación de los clientes por la capacidad de la empresa para proveerlos… y en fin, los demás actores involucrados en la empresa se sintieron afectados con la apertura del concordato”, cuenta el gerente general de la empresa.

Sin embargo la compañía logró un acuerdo con sus acreedores en menos de cinco meses e implementó una planeación presupuestaria a siete años.

La rigurosidad en el cumplimiento del plan fue una de las claves para poder salir de la crisis. Pero, de acuerdo con Marcela Ogliastri Barrera, Intendente Regional de la Superintendencia de Sociedades, no fue la única cualidad que sacó a la empresa a flote.

“La organización, el orden, la tenacidad, el hacer un acuerdo basado en un flujo de caja real, y veo también que la figura de la madre, doña Amelia, que ha estado en la empresa en todo momento, fueron claves para que honraran sus compromisos”, destaca la funcionaria, que además resalta la importancia de haber previsto la crisis con suficiente tiempo para planear una solución a tiempo.

De hecho, esa capacidad de previsión salió a flote en dos ocasiones, en 1999 y en 2004 cuando la compañía debió renegociar los plazos para cumplir con los acuerdos. Finalmente, en el 2009, la empresa terminó de pagar sus pasivos e intereses.

“Ellos han sido un ejemplo de lo que constituye ser un buen empresario, por que cumplieron a cabalidad con el acuerdo pactado y honraron a sus acreedores”, señala Ogliastri Barrera.

Para Pardo Santamaría, todo el esfuerzo de la compañía en superar esa larga crisis y evitar la liquidación valió la pena: “Hoy somos una empresa líder, posicionada, con capacidad de expansión, con pasos seguros y con una curva de aprendizaje muy alta. Cada cosa negativa que nos pasa, nos fortalece más, sabemos que esta empresa es de las generaciones futuras y por eso la cuidamos”, concluye.

Una empresa premiada

Este año la compañía de la familia Pardo logró alzarse con el premio Ave Fénix, que otorga la Escuela de Administración de la Universidad del Rosario en cooperación con la Superintendencia de Sociedades.

Este es un “reconocimiento a las empresas que habiendo un proceso de reestructuración, resurgen de la crisis y generan resultados favorables sostenibles  y perdurables en el tiempo”. Ese reconocimiento se lo han llevado empresas como Alquería, el Grupo TM S.A. y Laboratorios Vogue.

Por otro lado, la empresa también ha ganado el premio al “Mejor Desempeño Ambiental” en nivel novel, concedido por un comité conformado por representantes de la Cámara de Comercio de Bucaramanga, la Universidad Industrial de Santander, la Corporación Autónoma Regional de la Defensa de la Meseta de Bucaramanga, la Asociación Nacional de Empresarios de Colombia y la Corporación Eco Eficiencia.

El reconocimiento fue por la implementación de la metodología Ecoprofit que les permitió reducir en 20% el consumo de agua y en 22% el consumo de energía, además de una mejora considerable en la gestión de material reciclable que le permite a la empresa ahorrar $174 millones anuales.

Publicada por
NOHORA CELEDÓN
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