Viernes 14 de Septiembre de 2018 - 03:32 PM

Así fue la titánica restauración del Parque Natural Los Yariguíes en Santander

El proceso que inició en 2010 y logró recuperar más de 4 mil hectáreas es calificado como un ejemplo para el país. Vanguardia.com le cuenta cómo fue la restauración del bosque en la Serranía de los Yariguíes, ubicada en Santander.

La Serranía de los Yariguíes fue declarada Parque Nacional Natural hace 13 años.Se trata del área boscosa más conservada y de mayor proporción de Santander, con 59.063 hectáreas protegidas. Su extensión recorre montañas de los municipios de San Vicente de Chucurí, El Carmen, Simacota, Santa Helena del Opón, Chima, El Hato y Galán.

Joaquín Blanco Calderón vivió 30 años dentro de la zona de conservación de los Yariguíes. En su finca ubicada en San Vicente de Chucurí cultivaba cacao. Ahora reside en la vereda Cantagallos Bajo, a unos dos mil metros de distancia del parque natural. Es decir, a una longitud equivalante a aproximadamente cuatro veces el Viaducto de la Novena de Bucaramanga.

"Llegó la oportunidad de negociar con Parques Nacionales Naturales de Colombia. Me instalé fuera de la línea del parque", contó el campesino.

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Blanco recuerda que un principio la comunidad, que poseía fincas cacaoteras, ganaderas y cafeteras dentro del parque,  se oponía a la restauración de la Serranía, pues consideraba que este proyecto no arrojaría resultados y no merecía tan millonaria inversión.

"Habíamos tenido una mala experiencia. Vimos una reforestación sobre la cuenca Las Cruces hace 20 años que no tuvo futuro, porque lo que prendió fue muy poco", contó Blanco.

Afortunadamente, aquel suceso no se repitió. El lugareño cuenta que al conocer cómo sería el proceso para rescatar los ecosistemas comprendieron que el trabajo sí podría dar frutos e incluso la comunidad se involucró para lograr el objetivo. "Inicié los primeros dos meses acompañando una botánica para montar parcelas en diferentes puntos de la Serranía que se iban a intervenir".

En la primera etapa, el hombre se dio a la tarea de explicar el tipo de vegetación que había en la zona y las razones por las que se realizaban talas. "Había árboles muy gruesos con ramas muy anchas que daban mucha sombra y brindaban muchas semillas. Mi papá señalaba que había que tumbarlos porque podrían afectar la cosecha de lulo. Así sucesivamente se atacó a muchas especies".

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Gracias a estos relatos, los líderes del plan de reforestación precisaron cuáles eran las especies que se debían volver a sembrar. "Se recogieron semillas y se hicieron viveros. Luego trabajé cinco meses en siembra haciendo hoyos y fertilizando con orgánicos. Como campesinos nunca habíamos sembrado plantas así. Entendimos porqué el proyecto era tan costoso. Mover todo eso vale mucha plata".

Tras realizar la siembra, Joaquín Blanco participó en el monitoreo para verificar el desarrollo de las plantas. Para este santandereano fue asombroso ser testigo de la transformación de aquellos terrenos que se convirtieron en bosques. "Nosotros pensábamos que era perdido sembrar ahí".

Por ejemplo, Blanco describió que en un pastizal que llevaba más de tres años sin pastoreo "se hizo un núcleo con 300 árboles. Es una cosa muy bonita. Las especies pioneras ya tienen ocho metros de altura, mientras que las plantas que necesitan sombra para crecer ya tienen unos 50 centímetros. Es algo impresionante. Uno se motiva a pensar que le proyecto sí tiene futuro".

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Tras observar el cambio, Blanco opina que los campesinos deberían procurar una relación más armoniosa con la naturaleza. "Yo les diría a quienes aún tienen bosques que los conserven. Hay que cultivar, pero se pueden trabajar cultivos agroforestales. Es mejor aprender a sacar los productos bajo sombra y aportarle al medioambiente y a nuestros futuros hijos".

Joaquín resalta que está empeñado en utilizar sistemas agroforestales en su finca y sueña con que se convierta en un modelo en Santander. "El cacao, café y los cítricos se pueden producir bajo la sombra de los árboles. Hay que sacrificarse un poco. Por ejemplo un cítrico no va a tener la misma carga de cosecha que se tiene si se cultiva bajo el rayo del sol, pero no se tendría que usar tantos químicos porque no se necesitan, porque las hojas que caen se convierten en abono. Va a ser un cultivo ecológico".

De acuerdo con el agricultor, uno de los retos es enseñarles a los consumidores a comprar productos orgánicos. Por ejemplo, dice Blanco, un tomate orgánico es pequeño y tiene manchas, pero uno con todos los químicos es más apetecido “porque va más bonito, grande, de buen color y más barato. Pero cuando entiendan que lo que van a consumir es agricultura limpia van a valorar más lo orgánico. Ojalá llegue el día".

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¿Cómo se logró la restauración?

Elsa Matilde Escobar, directora de la Fundación Natura, recalcó que lo hecho en la Serranía de los Yariguíes es un ejemplo sobre cómo se puede lograr una restauración exitosa en los parques naturales, a través de un esfuerzo entre la empresa privada, el gobierno nacional y la población civil.

"La gente que se contrató y capacitó fue gente local. El resultado significa agua, bienestar y biodiversidad para toda la región de Santander y el país", explicó Escobar.

Para la experta, el parque de los Yariguíes es una "joya", pues allí se encuentra uno de los últimos bosques altoandinos que quedan en Colombia. "Es importante por las especies, el agua y el suelo. Allí se generan los servicios ambientales que le presta a los productores alrededor del parque, quienes son cafeteros y cacaoteros".

Escobar precisó que el objetivo de una restauración es lograr que la naturaleza "vuelva a tener esa dinámica de hacer los bosques que se destruyeron. Sí es posible ayudar a través de metodologías técnicas muy bien estructuradas".

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Para cumplir con esta labor, los restauradores debieron superar varios retos, como la geografía de los Yariguíes. La directora de la fundación cuenta que debieron llevar materiales por una pendiente de 45 grados para los viveros y se tenían que hacer hasta nueve horas de caminada.

“Son las condiciones más difíciles. Es una zona muy húmeda. Las personas se enterraban en los pantanales. Manejar las recuas de mulas también se hacía complicado...", aseguró la experta.

Germán Camargo Ponce de León, director Técnico de la Fundación Guayacanal, fue uno de aquellos 'aventureros', quien explicó que en la restauración se interviene todo el ecosistema para ayudar a la naturaleza a acelerar el proceso de regeneración. "No es solo hacer unas cuantas hectáreas de reforestación, sino es entender cómo se degradó el ecosistema, entender cómo funciona, cuáles son las causas que lo ayudan a regenerar...".

En su opinión, Camargo Ponce, considera que realizar esta tarea se necesita más que una formación científica. "Hay que hablarle con el corazón a la naturaleza. Es como tocar tiple, puro oído y puro corazón. Tienes que escuchar a las personas, esas historias son la historia del lugar. Como decía El Principito, el corazón es el único que ve más allá".

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Para la recuperación de los Yariguíes se sembraron más de 160 mil árboles de la misma región, reconocidas por las personas locales. "Ellos saben dónde quedan los mejores árboles, se comienza a recoger sus semillas para armar los viveros. Todo el material es del lugar", recalca Germán Camargo.

Incluso, el líder aseguró que una de las sorpresas del proceso fue encontrarse con especies casi extintas y olvidadas como el árbol panela quemada, el coco cristal, chaparro y comino crespo. "Hace más de tres generaciones esas maderas fueron sacadas árbol por árbol hasta no dejar casi ni uno. Logramos localizar los últimos. Recogimos las semillas y los reprodujimos para volver a hacer estos bosques".

El experto considera que quedó demostrado que sí es posible recuperar los ecosistemas y que el proyecto en los Yariguíes es un ejemplo de cómo lograrlo. 

Cuatro mil hectáreas restauradas

En la restauración de la Serranía de los Yariguíes trabajaron más de 140 personas, quienes conjuntamente rescataron 4 mil 500 hectáreas.

Fabio Villamizar Durán, director de la Territorial Andes Nororientales de Parques Nacionales Naturales de Colombia explicó que este "ejercicio se inició desde 2010, cuando hicimos un proyecto de saneamiento con recursos de Isagén, que permitieron la compra de 40 predios".

Posteriormente, en 2012 se firmó un convenio para iniciar la restauración del bosque, que sería la más grande que se ha hecho en el país, a juicio de Villamizar Durán. "Le entregamos al país un parque natural restaurado. Manejamos más de 12 viveros temporales, propagamos más de 300  mil plántulas de especies nativas (de unas 80 especies) que fueron ubicadas al interior del parque. El país debe seguir con estas acciones de mitigación y adaptación al cambio climático".

El funcionario destacó el trabajo de la población en todo el proceso. Las poblaciones de El Carmen y San Vicente de Chucurí participaron en las diferentes fases. “Nos ayudaron a hacer aislamientos, a hacer la colecta de semillas, trabajaron en los viveros y nos han acompañado hasta en los mantenimientos. Esperamos que la etapa de monitoreo también sea participativa".

El Director de la Territorial Andes Nororientales de Parques Naturales, indicó que esta acción se ejecutó con los más de $17 mil millones que destinó Isagén como compensación ambiental por la construcción de la Central Hidroeléctrica Sogamoso.

Adolfo Fehrmann Espinosa, gerente de Proyectos de Generación de Isagén, expresó que se superaron las expectativas."Según la licencia ambiental se debían compensar las siete mil hectáreas afectadas por el embalse con ocho mil hectáreas de restauración. Estamos llegando a más de 12 mil hectáreas como resultado".

Aunque en la Serranía de los Yariguíes se beneficiaron cuatro mil hectáreas, también se restauraron otros ecosistemas en las inmediaciones de Hidrosogamoso. "Alrededor del embalse tenemos casi cinco mil hectáreas. También se hizo un trabajo de articulación sobre la quebrada El Ramo para conectar el ecosistema del parque con la zona protegida en inmediaciones del embalse", señaló Fehrmann.

De esta forma se favorece conservación de fauna y flora, se impulsaría el ecoturismo y garantizaría el recurso hídrico en la región. "Se adquirieron 500 hectáreas donde nace la quebrada que le garantizará el suministro de agua a Zapatoca y Betulia a largo plazo".

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