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Sábado 22 de Octubre de 2011 - 12:01 AM

La palma se cosecha con el agua al pecho

La palma aceitera en el sector de La Válvula, una vereda ubicada en la parte baja de Rionegro, se recolecta con el agua al pecho.
Marco A. Rodríguez Peña/VANGUARDIA LIBERAL
Con el agua al pecho, los trabajadores van por los frutos de plantas en las plantaciones del bajo Rionegro.
(Foto: Marco A. Rodríguez Peña/VANGUARDIA LIBERAL )

Son 6 plantaciones que abarcan unas 10 mil hectáreas de ese cultivo, los cuales en su gran mayoría están anegadas. Para no dejar perder la cosecha, los trabajadores se van a su labor que en momentos los invita a "bucear" para encontrar los racimos recién cortados.


De acuerdo con la ingeniera agrónoma Sandra Milena Otero, de la plantación Pravia S.A, los sobrecostos por recolección y transporte se han incrementado en $100.000 por tonelada, debido a que a las cuadrillas cosechadoras hay que reconocerles un jornal de más pues no alcanzan a "sacar una buena tarea".


Además, para el transporte del fruto a la planta de beneficio hay que hacerle tres movimientos, cuando esa labor normalmente involucra uno.


"Por cosecha los sobrecostos son de $26 mil y de transporte cerca de $30 mil, más una cantidad de gastos adicionales que salen en medio de esta vicisitud, como por ejemplo, aumento del personal para efectuar ese tipo de labores", dijo la profesional.


Desde hace 8 días se tiene esa situación debido al desbordamiento del río Lebrija, que en esa zona tiene inundadas más de 30 mil hectáreas, siendo las dedicadas a la ganadería las más afectadas, por el momento.


"Mucha agua"


Según Joiser Agámez, de la cuadrilla de cosecheros, la labor es difícil y una muestra de ello se ve en los resultados diarios de cosecha.


Normalmente las 4 cuadrillas pueden recolectar 30 toneladas diarias en terreno seco, pero ahora escasamente llegamos a la mitad", agregó.


Jairo Delgado, quien ejecuta la labor de cortador, dijo que con esa cantidad de agua el trabajo se hace más dispendioso tanto para ellos como para los búfalos, animales que son los encargados de cargar el fruto hasta los puntos de acopio.


"Esta agua huele mal y no deja de presentarse salpullidos", agregó.


En muchos casos, los racimos debido a la profundidad de las aguas, se pierden; y en otros hay, literalmente que "hundir" para sacarlos a flote.


Para los trabajadores, esa labor la vienen haciendo desde el día de la inundación, pues con el pasar de los días se hará más difícil, ante la maduración de los racimos.

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