La trazabilidad animal es una práctica común en los países que llegan con carne a los mercados externos. Es el caso de Brasil, Argentina y Uruguay.

Publicado por: REDACCIÓN AGROPECUARIA
Es una exigencia de los potenciales compradores de los mercados externos, saber con certeza qué están llevando del supermercado al asador.
Colombia, al firmar tratados de libre comercio y tener a la carne como un producto de exportación, tuvo que entrar en esa tónica.
Pues bien, la ley que crea el Sistema Nacional de Identificación, Información y Trazabilidad Animal, pasó a sanción presidencial.
Para los expertos se trata de uno de los proyectos de Ley de mayor trascendencia para el país en materia agrícola y salud pública.
De acuerdo con el ministro de Agricultura, Francisco Estupiñán Heredia, este sistema “es fundamental para que el sector pecuario acceda, gane y consolide mercados internacionales al amparo de los acuerdos comerciales”.
Para el jefe de la cartera agropecuaria, a partir de su implementación se mejorarán las condiciones sanitarias y productivas de los animales, la calidad será verificable; posibilitará el mejoramiento de los sistemas productivos y existirá un producto competitivo.
“Servirá como base de información para el mejoramiento genético de las especies animales en las cuales aplique y contribuirá al control del hurto de animales”, expresó el funcionario.
Con esta norma las empresas transformadoras, a juicio de Estupiñán Heredia, podrán cumplir con las exigencias sanitarias de los compradores nacionales e internacionales.
“También se fortalecerá la calidad e inocuidad y se ampliará la oferta en el mercado de los productos trazados”, agregó.
Con la Ley lo que se busca es estar a tono con las exigencias del mercado internacional de carnes.
Como aplica
Se trata de reconstruir la historia de ese producto, desde el momento mismo que nace en la finca, pasa a las góndolas de los supermercados y luego, termina en la mesa de los potenciales consumidores.
Al animal se le coloca una chapeta en su oreja, la cual es una especie de chip que va consignando toda su actividad, historia clínica y vida alimenticia.
Esa “hoja de vida” del producto que luego se consigna en la etiqueta donde el comprador podrá saber con certeza que está llevando a su asador.
Los datos del chip son “capturados” a través de un lector e incluso, se pueden consultar por Internet si la hacienda ganadera tiene ese sistema implantado en la finca.












