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Sábado 18 de Noviembre de 2017 - 12:01 AM

La naturaleza como protagonista

‘La odisea’, de Jérôme Salle; ‘El día de la cabra’, de Samir Oliveros, y ‘El curioso mundo del Bosco’ tienen un punto en común: contar con la participación de la naturaleza como protagonista de cada una de las historias que se desarrollan en disímiles contextos.

Pareciera que el espíritu romántico se hubiera apoderado de las mentes de estos dos grandes directores y del equipo técnico que rodó el material sobre Hieronymus Bosch, quienes, en sus propuestas audiovisuales, contaron con la presencia de este elemento, no solamente como un aspecto de tipo ornamental, sino como aquel personaje que asume el rol protagónico, muy al estilo de la obra cumbre de la literatura colombiana ‘María’, de Jorge Isaacs.

Si de encontrar puntos de encuentro o elementos de enlace entre estas tres producciones que se hallan actualmente en las salas de cine colombianas se tratase, se podría aseverar que todas cuentan con una temática universalmente abordada: el viaje, no de tipo físico, sino también introspectivo y personal. En el documental sobre El Bosco se enfatiza en los animales fantásticos a los que le dio vida este talentoso pintor, que nació como Joen van Aken, “vino al mundo en la ciudad de ‘s-Hertogenbosch, en el sur de los Países Bajos, hacia 1450”, y fue un abanderado de esos mundos oníricos que, siglos después, abordarían con vehemencia los surrealistas. Sus obras son un viaje intemporal y único. En el caso de la película de Oliveros, dos adolescentes tendrán que emprender un recorrido para afianzar su juventud y entrar triunfantes al paraíso, o tal vez infierno de la madurez, precipitada por abundantes errores. Finalmente, en el caso de ‘L‘odyssée’, el renombrado Jacques-Yves Cousteau, figura central de esta historia, pasa a un segundo plano para mostrar lo insignificante que es el ser humano ante la magnificencia de la naturaleza. El océano con sus misterios insondables ante la pequeñez de la especie humana que intenta vanamente descifrar los enigmas que se esconden bajo las profundidades del mar. Su periplo es personal; aunque siempre está rodeado de su familia, su única motivación es alcanzar la gloria, es decir, conquistar esos mundos inhabitados por los humanos.

En la película de Jérôme Salle se evidencia la condición humana y mortal de una figura, con reconocimiento mundial, como es la de Jacques-Yves Cousteau. Su vida podría encajar muy bien en la de cualquier otro mortal, asumiendo su rol como padre de dos hijos, lidiando con las habituales dificultades que se albergan en un matrimonio, en que las infidelidades, por parte de él, fracturan gravemente su relación con su esposa y el ambiente familiar que tanto se encarga de moldear, de la manera más sabia y exitosa, como la que lidera al ser abanderado de la ciencia y excelente conocedor del mar. Su espíritu inquieto y creativo se torna explícito a lo largo del filme. Además, la fotografía de esta producción es majestuosa; el mar, con sus silencios y soledades, domina y asume el protagonismo de esta historia que fácilmente se podría tomar como un filme que se limita a contar la vida de un marino francés, pero, en realidad, la figura central es la naturaleza, colosal e implacable, que pone en evidencia una vez más que el ser humano es simplemente un espectador de una creación tan hermosa, compleja e inquietante como la que el ojo de Salle comparte con los espectadores. Cousteau tiene en su personalidad muchos de los rasgos de un héroe de condiciones trágicas, pues, por ir en esa búsqueda de explorar lo inexplorado, arriesgará todo lo que más ama.

Este filme se encarga de mostrar ese lado humano del padre del buceo que no se conocía, el de un hombre que, efectivamente, amaba el mar y sus profundidades, pero que también alimentaba su ego para lograr ser protagonista ante un imposible, el poder majestuoso y extraordinario que se alberga en esa tela incolora que se extiende y que permite que una enorme embarcación, el Calypso, luzca como una nimiedad ante el reino natural de los océanos, con sus infinitas sorpresas y seres.

Por su parte, Samir Oliveros en ‘El día de la cabra’, filme que transcurre en Providencia, la naturaleza también ambienta y protagoniza la historia de dos jóvenes, Rita y Corn, quienes experimentan las situaciones cotidianas de dos adolescentes, además de lidiar con un gran desafío: ser hermanos y no ser capaces de tolerarse, pues Rita, la hermana mayor de Corn, desea imponerse como una figura de poder ante su hermano, pero, como es habitual en el mundo de los jóvenes, esta imagen luce desdibujada y es poco verosímil.

Los minutos iniciales del filme de Oliveros llevan al espectador a un mundo surrealista, apreciar una cabeza de una cabra en medio del mar, flotando como si le advirtiera algo a alguien; la naturaleza como un juez implacable. Sumado a todo esto, ‘Bad lucky goat’ demuestra ese ingenio y creatividad que tiene Cornelius para rebuscarse su día a día y darle centavos a su sueño de ser un músico famoso. Lógicamente, y como es de esperar, su medio de lograrlo es reuniendo recursos por medio de la burla constante de las figuras de poder que se van decantando a lo largo de esta historia familiar. La idea aristotélica sigue vigente: los conflictos familiares son los que más llaman la atención, los que persuaden al público. En este caso, con una pareja de hermanos que viven un proceso de empoderamiento.

El conflicto central, “una cabra grande y muerta”, es el detonante en la vida de estos dos hermanos que tendrán que asumir la consecuencia de su accionar y empezar a profesar esa madurez que aún no se hace presente.

En ‘El curioso mundo del Bosco’ se anuncia al inicio que este talentoso visionario, “como el resto de la familia, se convirtió en artista. Para destacar, se cambió el nombre, combinando la traducción latina de Joen, Jheronimus, con el nombre abreviado de su ciudad natal, Bosch”. Esta información pareciera insignificante para revelar un enigma tan hermético e inescrutable como el del mar, pero, en este caso, el poder aproximarse a la obra de este maestro. Por vez primera su obra logra reunirse en un solo lugar para realizar una especie de “taxonomía” de sus mundos posibles en que los seres fantásticos, permeados por formas humanas y figurativas, lideran sus pinturas.

Este impecable material audiovisual deja ver una profunda investigación en torno a esta figura central del mundo del arte y la renombrada exposición: “Hieronymus Bosch – Visiones del Genio” en el Museo Het Noordbrabants, donde los espectadores pudieron apreciar el magistral talento de este genuino pintor, incluso durante horas de la madrugada.

Tres novedosas propuestas cinematográficas en que la naturaleza ejerce ese rol de testigo y juez implacable. Esa protagonista que lleva a liderar procesos de autoformación en quien la enfrenta o la reta.

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La típica pepitoria, acompañante lógico del cabrito.
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