Sábado 03 de Febrero de 2018 - 12:01 AM

La metamorfosis del amor

El amor visto como “un arquitecto infernal” es parte de aquello que los lectores podrán apreciar en una novela, cuyo corazón está hecho de poesía: ‘Retrato de un hombre holandés’, de Karim Quiroga.

‘Retrato de un amante holandés’, de Karim Quiroga, llega una vez más, totalmente renovada, en una bella presentación de la Editora Nuevo Mundo. Esta obra alberga una caja de Pandora que corre el peligro de que quienes la lean descubran los diversos matices que sufre el amor, aquel vilipendiado sentimiento que sigue generando una de las más bellas invenciones del ser humano: el arte.

Afortunadamente, la poesía nunca está en reposo. Ella siempre se mueve. Asume su condición nómada e invade terrenos, territorios y escenarios que, para algunos, pueden ser considerados como inefables. Karim Quiroga, desde su condición de poetisa, comparte la tercera edición, totalmente renovada, de su novela ‘Retrato de un amante holandés’.

Esta obra y su autora podrían generar una relación maravillosa con una afamada escritora española, Rosa Montero, quien, también, desde su oficio como periodista, ha creado un mundo de ficción (cuentos y novelas) en que la voz femenina de sus protagonistas abre el espacio para la reflexión respecto de su rol como mujer, esposa, amante o enemiga. En ‘Retrato de un amante holandés’, el lector se sentirá hipnotizado por la maestría de las palabras y las frases cortas que la narradora emplea para generar esa atmósfera oscura de una mujer que descubrió que el amor, “esta cicuta poderosa y malsana”, tiene tantos gradientes y tantas perspectivas y que, por lo tanto, nunca es igual.

En esta voz de mujer, la narradora, más que sopesar uno a uno cada encuentro con aquel “amante holandés”, permite que el lector indague en ese mundo que ella se niega a olvidar: la escritura. Desde el comienzo de esta novela, que emana poesía en cada palabra, la protagonista deja ver su verdadera pasión por las letras: “Escribo de dos espacios distintos”; “La poesía ofrece paisajes y espejismos a los que me aferro exhausta y maniática”; “Mi literatura se alimenta de mis fantasmas”; “Escribo para que alguien me lea. Escribo para que alguien me entienda y se sorprenda. Escribo a hurtadillas”; “La escritura es este espacio cotidiano, aunque repleto de trampas. Sueño escribir y llegada la hora me detengo”; “Es difícil escribir con la premura del tiempo y la soledad”; “Mi libro debe ser una respuesta descontinuada y extinta”…

En medio de un gran número de referencias culturales (‘Gaudí’, ‘Alicia en el país de las maravillas’, ‘Joan Manuel Serrat’, ‘El cuerpo de David’, por citar solamente algunas), la protagonista descubre, desde su situación de habitante de un lugar al que no pertenece, que está encadenada “al amante de los ojos verdes y enormes”, aquel que “se recrea en sus propias miserias”, que “ no está para juegos” y para quien “su vida ha sido una fantasía y a todas luces una quimera”, y que esta desazón tiene como resultado el ver cómo el amor se desvanece, se torna frágil y efímero; que “su amor me desgasta y me oprime, me deja sin aliento la mayoría de las veces”, y cae en el “aburrimiento”.

Publicada por
Contactar al periodista
Publicidad
Comentarios
Agregar comentario
Comente con Facebook
Agregar comentario
Comente con Vanguardia
Comente con Facebook
Agregar comentario
Vanguardia Liberal no se hace responsable por las opiniones emitidas en este espacio. Los comentarios que aquí se publican son responsabilidad del usuario que los ha escrito. Vanguardia Liberal se reserva el derecho de eliminar aquellos que utilicen un lenguaje soez, que ataquen a otras personas o sean publicidad de cualquier tipo.
Publicidad
Rollo de pechuga con pimientos miniatura y papas con romero
Rollo de pechuga con pimientos miniatura y papas con romero
Publicidad
Publicidad