Sábado 17 de Febrero de 2018 - 12:01 AM

Tonya, la otra cara del deporte

Protagonizada por Margot Robbie, quien dio un salto a la fama por haber participado en el ‘Escuadrón suicida’, al asumir el rol de Harley Quinn, la heroína víctima de la violencia y manipulación de su amada pareja, Joker, de manera curiosa, retorna con ‘I, Tonya’, dirigida por Craig Gillespie

filme que también cuenta con una historia en que el personaje principal experimenta todo tipo de violencia por parte de su seres más amados: su propia madre, LaVona Fay Golden, y Jeff Gillooly, su pareja, quien años más tarde se convertiría en su esposo y su perdición.

Grabada en formato estilo documental, en que los personajes transcurren buena parte de la historia mirando directamente a la cámara, no solamente en las escenas en las que muchos de ellos son entrevistados para dar alguna declaración que pueda dar luz sobre la verdadera imagen de la afamada patinadora estadounidense, sino también en apartes en que la historia se desarrolla. De manera transgresora, los personajes rompen la llamada “cuarta pared” para que, en complicidad con los espectadores, puedan dar a conocer de forma directa su vida real. Esa búsqueda de la verdad que es tan relativa. Hace un par de años, esta técnica fue empleada en ‘Deadpool’, y ahora ‘I, Tonya’ la retoma en ciertos cruciales momentos de la película con el fin de mostrar esos ambientes sórdidos y violentos que hicieron parte de la infancia, la adolescencia y la juventud de la protagonista, Tonya Harding.

El filme es, al mismo tiempo, una especie de representación de cómo la sociedad norteamericana viene fragmentándose desde el concepto de familia. En un contexto de hipocresía permanente, los jurados no aceptan que esta talentosa deportista no tenga un hombre a su lado y no cuente con el apoyo de su familia. Su fuerza física se torna frágil en el terreno emocional, pues, desde el inicio de esta historia, su personalidad es manipulable y sumisa. La ira con la que compite contra sus contrincantes se desvanece ante la presencia de su progenitora, quien la educó con una serie de conceptos rústicos, totalmente alejados de la filosofía del amor. Estos sentimientos crecerán con Tonya y evolucionarán con ella para convertirla en una máquina demoledora que reacciona ante una mínima provocación. En este momento, la figura endeble de su amigo, novio, esposo, mánager y exesposo será decisiva para que la parte oscura de su personalidad y de sus deseos se tornen explícitos, con tal de ser una vencedora sin importar los medios. Su don, que fue moldeándose en la infancia entre gritos, insultos y golpes por parte de la madre, se convierte en su maldición. Al igual que otros tantos escándalos que fueron famosos en la década del noventa, Tonya pasa de ser la admirada patinadora artística del mundo a convertirse en la mujer que generó uno de los más grandes escándalos del deporte, al mejor estilo de O. J. Simpson.

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