Sábado 26 de Mayo de 2018 - 12:01 AM

“Monsieur Verdoux”, el maestro del crimen

En el siglo XXI la comedia negra ha estado estimulada con series televisivas como “La casa de papel” o “Santa Clarita Diet”, o películas de Woody Allen o de Quentin Tarantino que llevan al espectador a un interrogante: ¿reír o llorar? Adicionalmente, generan en el público un apoyo casi incondicional con el criminal que están viendo en pantalla.

No es la supremacía del criminal lo que se presenta en pantalla ni una oda al sutil arte del crimen. Lo que en parte se está cuestionando es por qué el consumidor de este material audiovisual muestra su lado más compasivo hacia este tipo de personajes que se destacan por robar, asesinar, sobornar, manipular y enmudecer con el terror de sus actos. Cualquier parecido con el mundo de la política es pura coincidencia.

“Monsieur Verdoux”, dirigida y protagonizada por Charles Chaplin, encamina su historia hacia un personaje, en apariencia débil y sentimental, que experimentó una metamorfosis, a partir de la pérdida de su empleo en un banco. Este duro reto de la vida, aunado a su formación académica y marcadas habilidades para la persuasión efectiva y el manejo del público, se convirtieron en sus armas más eficaces para crear un rol, es decir, un criminal que asumirá múltiples nombres, variadas personalidades y disímiles oficios, con un único fin: aprovecharse de adineradas mujeres que se convertirán en una larga serie de víctimas, con el fin de enriquecer, no solamente su ego, sino también sus acciones en la bolsa y cuentas bancarias.

La extraordinaria genialidad de Chaplin es evidente en cada una de las escenas que conforman esta película. Se conjugan por momentos situaciones en donde el espíritu criminal de Verdoux estremece al espectador, con una hermética frialdad que lo llevará a cometer las más temibles atrocidades, por obtener su codiciado e ilimitado bienestar.

La mente asesina de Henri Verdoux no se satisface fácilmente, y emprende un viaje sin regreso a la perdición, basado en su absoluta ambición, producto de una época que lo llevó a experimentar la dureza de la sociedad cuando lo ha perdido todo. Esa imagen del hombre perdedor, sin títulos y sin nada que ofrecerles a sus familiares (mujer e hijo) es el activo y perenne detonante del lado siniestro de este personaje.

A modo de cierre, esta obra cinematográfica mostrará el descenso de este personaje que, después de haber disfrutado del éxito constante, también saboreará la parte agridulce de la derrota. Ante esta, el personaje se mostrará inflexible, al saber que su actuar es el resultado de la caótica sociedad de su tiempo, sin pasado y sin futuro, porque es un eterno y envilecido presente.

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