Sábado 02 de Junio de 2018 - 12:01 AM

Un país sin espíritu crítico

La editorial Debate realiza una significativa contribución a la sociedad colombiana con “Democracia feroz”, obra ensayística del profesor cartagenero Gustavo Duncan, en la que, sin apasionamientos ni fanatismos políticos, se presenta una lectura crítica del país, a partir de la relación entre la sociedad y la clase política.

Con gran preocupación, el autor realiza un cuestionamiento frente a Colombia y el poco poder de control que tienen los colombianos con respecto a los políticos que infortunadamente han terminado en asuntos turbios, como la corrupción, el narcotráfico y el paramilitarismo, tres de los más terribles males que padece esta desigual nación.

En la “Introducción” de su obra, Gustavo Duncan expresa que «al margen de que los partidos sean de izquierda, derecha o centro, o de la pura fachada ideológica de ciertos movimientos, la clase política colombiana ha demostrado recurrir a comportamientos contrarios a cualquier noción de ética en una democracia».

Pareciera que no hubiera un eco en quienes conforman la sociedad colombiana, pese a que Colombia cuenta con medios de comunicación que ejercen un espíritu crítico y que difunden todo tipo de situaciones oscuras de la clase política. Da la sensación de que el colombiano es ajeno a su realidad, e indolente con el prójimo, ante innumerables casos de evidente y comprobada corrupción de quienes ejercen la política. «Aunque sea prácticamente imposible estimar cuánto se pierde por corrupción, es plausible afirmar que, en vez de invertirse en infraestructura, educación, atención hospitalaria, ciencia y tecnología, una parte muy alta del presupuesto del Estado se dilapida en el consumo privado de un sector social, compuesto por políticos profesionales, contratistas públicos y empresarios ilegales», sostiene Duncan. Ante todos estos hechos, el país se refugia en variadas cortinas de humo con tal de no opinar, no participar y no ejercer presión de los organismos de control que podrían castigar con severidad estas prácticas nocivas que afectan la economía y la gobernabilidad del país, situación que permite asumir la democracia colombiana como “una ilusión”.

Como texto argumentativo que es “Democracia feroz”, su autor nombra y cita, con todo tipo de evidencias, una larga lista de los más sonados casos de corrupción del país en donde curiosamente no se da una sanción social, sino que se premia a la clase política que realiza estas prácticas oscuras y denigrantes. Como señala Duncan, «el problema no es entonces que no exista democracia en el sentido de la ocurrencia de elecciones periódicas y competidas, ni que no exista una sociedad civil organizada y una prensa libre, sino que en Colombia la clase política comete toda una serie de comportamientos intolerables, los cuales son visibles a la sociedad, pero no conducen a un retiro de la vida pública de los actores involucrados». Es más, la gran mayoría de los políticos que están vinculados con casos de corrupción, paramilitarismo y narcotráfico siguen teniendo, no solamente poder, sino participación política e injerencia en las más importantes decisiones del país.

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