Sábado 09 de Junio de 2018 - 12:01 AM

El humanismo como

Estas dos piezas audiovisuales son dos obras artísticas que impactan al espectador, por su gran poder visual, por sus personajes verosímiles y por el posar su mirada en esa interminable batalla entre el éxito y el fracaso.

Ahondar en la mente humana y llegar a comprender su accionar es una tarea ardua y de difícil destino. Este viaje ha sido en algunos momentos posible, gracias al poder inefable del arte. Como testimonio de esta labor, los espectadores podrán corroborarlo en dos piezas audiovisuales, disímiles en sus orígenes e intenciones, pero unidas porque en ambas el alma humana se asoma y triunfa. Este éxito no radica en la lectura capitalista que actualmente muchos asocian con poder y riqueza. Este se extiende desde el concepto de libertad individual que subyace en cada ser, independientemente de su contexto.

En “Afterimage”, dirigida por Andrzej Wajda, los amantes del cine europeo podrán ver una historia que tiene como escenario central a Polonia y los últimos años de uno de los artistas vanguardistas más influyentes de esta parte del mundo, para quien su arte fue la mejor forma de comprender el mundo. Su mente prolífica lo llevó a concebir un universo pictórico, totalmente íntimo y profundo, que fue cambiando con el tiempo, pero que, en esencia, siempre reveló la condición humana y particular de su creador: Władysław Strzemiński, artista revolucionario, no solamente con su propuesta visual, sino con el régimen que imperaba en su época.

El filme de Wajda no escatima en mostrar las atrocidades que tuvo que enfrentar, además de la muerte de su esposa, Katarzyna Kobro, y de la pobreza extrema que él y su hija padecieron, sino también en cómo fue el proceso que, con ayuda de sus alumnos, fue liderando para darle forma a su obra cumbre, “La teoría de la visión”.

Durante la primera mitad del siglo XX, Polonia experimentó la censura a todo dar. El arte fue considerado como un arma poderosa. Es por ello que Strzeminski, como gran representante de la pintura, tuvo que asumir con condición heroica todas las bajezas que un gobierno dictatorial puede llegar a ocasionar. Durante “Powidoki”, título original del filme, el protagonista asume con gallardía, pese a la debilidad de su organismo, cómo sus obras son destruidas, sus opciones laborales son eliminadas, su mundo arrasado, entre otros aspectos, por el simple hecho de no callar, de pensar diferente en un contexto en el que la represión es la voz cantante.

Esa mirada, con visos humanistas, también se puede percibir en la impecable representación que se hace de una obra dramática del siglo XX de Edward Albee: “¿Quién teme a Virginia Woolf?”, que también cuenta con una destacada versión cinematográfica. En sus tres actos, se desarrolla una mirada profunda y exhaustiva a la intimidad del ser humano. Su historia trata acerca de una pareja de esposos, quienes vuelven a casa después de una reunión celebrada en una universidad, en donde ellos tienen la opción de conocer a muchos docentes e interactuar también con sus esposas.

En las tres horas de esta obra, los personajes de “Who’s afraid of Virginia Woolf?”, bajo la dirección de James Macdonald, abren su corazón destruido ante las adversidades de la vida profesional y en pareja. El mundo de los sueños, sus perversiones y pasiones son evidentes en los diálogos que se suscitan en la sala de la casa de la pareja de los veteranos esposos Martha y George, hija del rector de la universidad y docente de historia, respectivamente, quienes, ante la visita de Nick y Honey, encuentran su válvula de escape para poner sobre la mesa todas sus penurias, las verdades nunca antes contadas y, en especial, sus frustraciones.

Esta obra, que se representa en el mítico Teatro Harold Pinter, en Londres, ofrece, junto con “La muerte de un viajante”, de Arthur Miller, la posibilidad de que el espectador pueda confrontarse con las penurias y la decadencia que tiene ante sus ojos. Esa lucha entre el efímero éxito y el perenne fracaso es la línea de batalla en medio de ese cuadrilátero de boxeo en el que se ha convertido su propio hogar.

Dos propuestas artísticas que basan sus historias en todas las sombras y luces que se pueden rastrear en un lugar inhóspito para la ciencia, pero no para el arte: la mente humana.

Publicada por
Contactar al periodista
Publicidad
Comentarios
Agregar comentario
Comente con Facebook
Agregar comentario
Comente con Vanguardia
Comente con Facebook
Agregar comentario
Vanguardia Liberal no se hace responsable por las opiniones emitidas en este espacio. Los comentarios que aquí se publican son responsabilidad del usuario que los ha escrito. Vanguardia Liberal se reserva el derecho de eliminar aquellos que utilicen un lenguaje soez, que ataquen a otras personas o sean publicidad de cualquier tipo.
Publicidad
Traje de baño, el mejor outfit de verano
Visitar algún destino paradisiaco se convierte en uno de los planes perfectos para disfrutar en vacaciones. Un despliegue de actividades por...
Publicidad
Publicidad