Sábado 01 de Septiembre de 2018 - 12:01 AM

El arte como testimonio histórico

La ‘Donación Botero 2004-2005’ es una exposición individual compuesta por sesenta y seis obras, que abordan, de manera cruda y testimonial, uno de los más temibles capítulos de la historia de Colombia: la violencia.

El arte, además de deleitar a las audiencias y generar todo tipo de reacciones en el público, también posee otro importante y trascendental rol: testimoniar el presente. En el ámbito de la literatura colombiana, escritores como Gabriel García Márquez, Álvaro Cepeda Samudio y Gustavo Álvarez Gardeazábal retrataron oscuras y lamentables escenas de la violencia, aquel acto atroz que atenta contra todas las capas que integran la dignidad humana. En “Donación Botero 2004-2005”, los espectadores de las salas de arte del Centro Colombo Americano de Bucaramanga y de la Casona Unab encontrarán desde el ámbito pictórico cómo el maestro Fernando Botero abordó, de forma personal, las atrocidades que se desprenden de ese monstruoso episodio que con infinitas máscaras ha generado capítulos desoladores en esta novela negra de la historia del país.

Sesenta y seis obras se alzan con valentía como testimonio palpable de escenas que sabia y artísticamente el maestro Botero creó como forma de testimoniar la barbarie. Es posible que muchos se puedan sentir dolidos ante tan imborrables pasajes, pero el arte no solamente es deleite; también es otra manera de retratar la realidad. Ante cada obra, los espectadores realizarán un viaje por momentos en que la sinrazón y el caos se anteponen. Sin embargo, en cada una de ellas también se traza el camino hacia un porvenir en el que la tolerancia impere. Esa violencia explícita que emana de sus pinturas y dibujos, realizados en óleo sobre tela, pastel y carboncillo, lápiz, carbón sobre tela, lápiz y acuarela, acuarela, lápiz y tinta, lápiz y sanguina y tinta, es un detonante para generar un cambio ante momentos en donde una “Mujer llorando”, “Muerte”, “Una víctima” y “Una madre”, “Masacre”, “Secuestrado”, “Matanza de los inocentes”, “El desfile”, “Carro bomba”, “Un consuelo”, “Viva la muerte”, “Madre e hijo”, “Masacre en Colombia”, “Motosierra”, “Grito”, “Hombre armado”, “Un crimen”, “Ruego”, “Sin esperanza”, entre tantos protagonistas, se asumen como personajes de este gran relato visual, ante el cual el artista expresa que “en vista de la magnitud del drama que vive Colombia, llegó el momento en el que sentí la obligación moral de dejar un testimonio sobre un momento tan irracional de la historia”.

Esta donación, que también ha estado en México y Brasil, muestra, según Daniel Castro Benítez, director del Museo Nacional de Colombia, de una “manera sensible y dolorosa, un momento complejo de nuestra historia” en que “el pintor ha reflejado un pasado duro y doloroso, pero tenemos que compartir un mensaje de esperanza”. Este es, precisamente, el llamado que realiza el maestro Botero: detenerse en este “apunte del pasado”, con el fin de asumirlo como un “contenido transformador” que se espera que no se repita nunca más. Todo con el fin de propiciar un presente novedoso, totalmente alejado de crueldades, atropellos, torturas, degradaciones e ignominias que han padecido millones de colombianos.

Acerca de la “Donación Botero 2004-2005”, la comisaria de la exposición y coordinadora del área de exposiciones itinerantes del Museo Nacional de Colombia, Laura Patricia Castelblanco Matiz, afirma que esta exposición “está conformada por sesenta y seis obras. En este momento tenemos treinta y cuatro en la sala de arte del Centro Colombo Americano de Bucaramanga y treinta y dos en la Casona Unab. Estas obras fueron una donación del maestro al Museo Nacional en dos etapas: primero en el año 2004, cincuenta obras, y, al año siguiente, donó las restantes. Esta es una obra de violencia. Es la visión del maestro Fernando Botero de la situación de nuestro país desde finales de los años ochenta hasta el año, más o menos, 2004. Podemos encontrar obras relacionadas con distintos eventos violentos que vivió nuestro país en esa época”. Adicionalmente, Elena Arenas, coordinadora cultural del Centro Colombo Americano de Bucaramanga, expresa que esta colección “representa un momento duro de nuestra historia; también es parte del gran patrimonio cultural que poseemos. Abordar el arte del maestro Botero es reconocer nuestra nación en cada uno de sus trazos, en sus volúmenes tridimensionales, en su gran colorido, en el dominio que tiene de las técnicas, como la cultura y la escultura, y, sobre todo, en su enorme capacidad como dibujante […] Sentirnos representados en sus creaciones es la respuesta que damos como espectadores al mirar parte de nuestro tesoro nacional”.

Es por todo esto que recorrer las obras de esta impactante exposición no es solamente para revivir el doloroso pasado, sino también el tránsito a una realidad que ofrezca un panorama más alentador en que el rojo, más que un recurso artístico para agudizar el sufrimiento en la expresión de los personajes que subyacen en sus obras, se asuma en esa tonalidad que represente el amor en sus variadas formas, mecanismos y ropajes.

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