
Espontáneo, conversador, bulloso, alegre, mordaz, ‘picante’, sencillo ¡y chismoso! Así es. Describir a Carlos Humberto Vargas Moreno, más conocido como Carlitos Vargas, sin emplear ese calificativo sería obviamente inconsistente.
Aunque el adjetivo para muchos podría sonar un tanto inapropiado, peligroso y hasta injurioso, este Comunicador Social de 33 años y oriundo de Cartago Valle lo porta hasta con corona prestada y orgulloso de su desempeño.
Si bien el chisme es definido en varios diccionarios como una noticia verdadera o falsa, como un comentario con el que generalmente se pretende indisponer a unas personas con otras, o se murmura de alguna, el concepto del mismo para este periodista de entretenimiento se ha convertido en su vida y sustento, pero además, en esa oportunidad para contar al público aquello que sucede con los actores, actrices, cantantes o personalidades queridas del mundo de la farándula ‘criolla’.
Su actual trabajo era en su niñez una costumbre que con el tiempo fue cultivando y estudiando. Carlos era el típico niño que en el salón de clase ‘paraba oreja a todo’, le encantaba hablar ‘cháchara’ con sus amigos, chismosear y seguir la vida de los cantantes y actores.
Su labor, que continúa ahora de manera profesional, pareciera sencilla, divertida, relajada y hasta “mediocre”, como alguna vez le dijo alguno de sus profesores cuando estudiaba Comunicación Social en la Jorge Tadeo Lozano de Bogotá.
Pero para este hombre, que soñaba con ser actor o bailarín, detrás de los micrófonos de su programa de radio en la emisora Vibra, las cámaras del programa ‘La Red’ de Caracol y de su columna de chismes, que escribe para la agencia de noticias Colprensa, el hacer parte de este gremio de periodistas dedicados a la vida de los famosos, también representa altos y bajos en su profesión.
-¿Siempre quiso ser periodista, y de entretenimiento?
Nunca me imaginé ser periodista. Quería ser actor o cantante, pero recuerdo que cuando nos tocó el racionamiento de energía mi mamá y yo tuvimos una conversación en la que me dijo que me apoyaba en lo que quisiera, pero que sería bueno que fuera una carrera más sólida, por si de pronto no me funcionaba la actuación o el canto. Me decidí por la Comunicación Social.
-¿El apuntarle a la línea de entretenimiento era bien visto en una Facultad de periodismo?
Yo creo que varios docentes me veían bien trabajando en ese campo. Había uno que siempre me decía de forma sarcástica ‘tú vas a terminar siendo periodista de entretenimiento, vas a terminar siendo mediocre’. Pues era ‘mamando gallo’… y después ya con el tiempo cuando me vio trabajando me dijo ‘pues me retracto’. Yo estaba haciendo bien mi trabajo y en el campo del entretenimiento.
Nunca me fue mal, si me tiré alguna materia era por vagancia, pero definitivamente siempre quise trabajar en el área de espectáculos y farándula.
-¿Cómo llegó a los tres medios de comunicación con sus chismes?
Como practicante entré a Sweet. También hice otras prácticas en una revista universitaria (Doble-U), así mismo unas cortas de producción en un talk show de Perú: Maritere, que en Colombia al fin no funcionó.
En Sweet estuve seis meses y a la directora en ese momento le encantó mi trabajo, entonces ingresé y estuve ahí ocho años. Cuando integré este espacio, paralelamente empecé en Vibra Bogotá (radio) y del mismo modo desde el año pasado trabajo para Colprensa escribiendo mi columna de chismes.
-¿Cómo fue su experiencia en Sweet, el dulce sabor del chisme?
Fue duro. Primero tuve que entender que el medio no es un ambiente tan fácil y tan dócil.
Todo lo que sea medio de televisión siempre tiene un poquito de intereses, de envidias, de comentarios hartos de la gente que no le gusta lo que uno hace.
Con el tiempo fui aprendiendo que las cosas no hay que tomarlas personalmente, y que si tú quieres ser una persona de entretenimiento, fácilmente tienes que entender que no le vas a caer bien a todo el mundo. Hay gente a la que yo le caigo bien, a otros mal y a eso me tuve que adaptar.
-Entrando en materia… ¿Qué es el chisme para Carlos Vargas?
El significado se desvirtuó. El chisme podría ser para muchos inventar algo de alguien. Pero la gente de entretenimiento, mucho antes de que yo empezara a trabajar en Sweet, ya empezaban a verlo, e incluso yo lo veo así actualmente, como: hablar de las personas reconocidas a nivel nacional e internacional, de sus vidas privadas, de lo que hacen, de lo que no hacen, de lo que viven, con quiénes están, etc. La percepción está más enfocada a divertir a los televidentes sobre sus actores favoritos, porque son ellos los que los aprecian y aman, y todavía guardan la cultura de que un actor lleva una vida distinta de la que lleva una persona normal, cosa que es mentira.
-Entonces… ¿Cuándo son buenos o malos?
Hay chismes buenos que uno los puede contar de una manera sarcástica y ‘venenosa’ y hay chismes malos que uno puede suavizarlos para que no queden tan ‘pesados’.
Pero en el caso de los que son malos, uno se puede echar enemigos encima y entre esos la ley porque a veces el problema de los chismes es que, nosotros si queremos demostrar muchas cosas de por medio, tenemos que agarrar muchas fuentes y la fuentes de nosotros son sagradas.
-¿Cuál es el mejor lugar para encontrarlos?
Inicialmente, los amigos que trabajan en productoras, canales o la gente que labora en el medio nos ‘surten’ de información. Además, desde que las redes sociales se volvieron una fuente de comunicación, pues tenemos mucho material para abordar que después procedemos a investigar.
-¿Los chismes tienen tanto entramado y profundidad como lo puede tener una noticia normal?
Claro que sí, más que todo cuando hay cosas de denuncia. Ahí sucede igual que con el tratamiento que uno le podría dar a noticias de otras fuentes.
Cuando son chismes que son ciertos pero nos cuesta trabajo comprobar la veracidad, pues usamos el lenguaje apropiado como: “Presuntamente”, “Se dice que…”, “Probablemente”. Pero todo el tiempo hay que investigar también. El chisme es un tema de mucha precaución.
-¿Ha sido víctima, como quien dice, de su propio invento?
Una vez me dijeron que dizque la ‘Negra Candela’ había dicho que yo me había agarrado con Carlos Giraldo (presentador de Sweet) en un supermercado, pero pues no me consta… no sé si fue verdad o mentira.
-¿Cuál es el problema más tenaz que se le ha armado ejerciendo su oficio?
Gracias a Dios los reclamos que me han hecho han sido sutiles. Pero la verdad es que la intervención de terceros es lo que envenena a los protagonistas de los chismes. De repente, el protagonista de alguno me ha llamado, me reclama y yo le pregunto: “¿lo vio, lo leyó?” Y me dicen: “No, lo dijeron”, entonces el punto es primero véanlo y luego llámenme.
-¿Cómo no cruzar la línea entre el chisme y el respeto?
Conociendo la ley colombiana, El famoso está protegido por la misma, entonces todo lo que sea de puertas para adentro en un sitio como: su casa, como bares en donde no pueden haber cámaras y todo eso que no sea público, ahí, nosotros no nos podemos meter. Pero de puertas para afuera: entrando a una residencia, un motel, por ejemplo, o un sitio público en el que se permitan cámaras, desde ahí, sí podemos hacer lo que sea.
-¿En qué quedó todo el lío de Laura Acuña por la ‘pega’ que le hizo a ‘La red’?
Laura tengo entendido que no tiene rabia no sé… quiso hacer su broma, pero creo que le salió más caro el caldo que los huevos porque el presidente del canal, Gabriel Reyes, la mandó a llamar con un memorando y le dijo que un ‘escandalito’ más de esos o una declaración más y la sacaba.
Supuestamente iba a tomar medidas, pero yo creo que eso se quedó ahí… además ya pasó, antes yo le agradezco a ella porque nos subió en rating y nos reconocieron más a raíz de eso.
-¿Qué le incomoda de su oficio?
Que, a veces, no le permiten a uno contar chismes que se sabe que son buenos, pero no se puede decir nada porque no le conviene al Canal o porque es de la competencia y nos vamos a ganar una enemistad. Eso me ‘emberraca’. Pero la rabia se me quita a los cinco minutos (risas).
-En Colombia… ¿Usted tiene la corona del ‘Rey del chisme’?
Yo prefiero tomarla prestada (risas). Esa la portan Carlos Giraldo (de Sweet) y la ‘Negra Candela’ (de El Lavadero). Con ambos tengo muy buena relación.
A ellos y a mis compañeros de ‘La Red’ los admiro mucho.
- ¿Qué tal el ‘combo’ de ‘La Red’?
Sólo tengo agradecimientos para ellos. Desde la cabeza del proyecto, que es Juan Esteban Sampedro, hasta Iván Lalinde (productor ejecutivo), pasando por los presentadores, periodistas, los que están en la redes sociales, editores, el personal de cámaras y utilería, etc. Todos son más de 100 personas que, para mí, conforman el equipo perfecto.
-‘La Red’ está en su apogeo pero ¿qué más viene para Carlitos Vargas?
Seguimos trabajando. Me imagino más adelante en un programa como ‘Larry King Live’, donde pueda llevar al presidente del momento, ¡sí al mismísimo mandatario de Colombia!, por ejemplo, para que me cuente cuál es el color de ropa interior que le encanta, ¡y que no les de pena! No los voy a ridiculizar, si no que abordaría a los personajes divertidamente. Me figuro conversaciones jocosas, entretenidas y con un café. ¡Delicioso! (Risas).
- El famosos más difícil de entrevistar…
Manolo Cardona. Él me tenía odio… entonces, tal vez, asumía que cualquier cosas que tuviera el título de ‘Sweet’ ya era motivo de odiar. Dos veces me dejó con la mano estirada, pero ya, no tengo nada en contra de él.
- ¿Y el más ameno?
Jaime Bayly. Es un hombre abierto a las repuestas.
- En una palabra describa a sus compañeros de set:

