El reconocido libretista colombiano, Héctor Forero López, residente en Ciudad de México hace siete años, llega a Bucaramanga invitado por la Casa del Periodismo y la Comunicación para dictar un seminario-taller sobre la producción de guiones para la televisión.

Publicado por: REDACCIÓN
Cuando lo invitaron, no lo dudó ni un segundo. Y es que a Santander lo unen lazos familiares, la nostalgia y el amor por sus paisajes. “Yo puedo durar horas observando el Cañón del Chicamocha o las casitas de Girón, y soy feliz”, confiesa. En Bucaramanga, cuando era apenas un estudiante de bachillerato en un colegio público, le nació la inquietud por el teatro y la escritura, que lo llevaron años más tarde a abandonar su carrera de Derecho, a pesar de haberse graduado, para dedicarse a escribir guiones de telenovela.
En la ‘Ciudad Bonita’, aun adolescente, ganó su primer concurso de cuento con ‘Alma en espera’ y fue finalista de otro concurso similar en Barrancabermeja. En los años 80 hizo parte del grupo de teatro El Búho que dirigía Alberto Peñaloza y en 1986 escribió y actuó en una obra llamada “Feliz Pecado” que se clasifica como mejor obra del año en el festival departamental de teatro en Santander.
Hoy, a sus 43 años, y con media vida dedicada a este oficio de la escritura, es reconocido como uno de los libretistas más prolíficos –tiene más de 27 obras originales para televisión y cuatro adaptaciones, además de cinco libros y algunas piezas para el teatro– y exitosos en su género.
Es de los libretistas que exige respeto por el oficio y aunque trabaja en equipo con el director y el productor de una obra, una vez entrega sus guiones no admite que se los “manoseen” y menos, los actores. En eso es tan vertical que no duda en afirmar que si tiene que matar a algún personaje en la historia o dejarlo mudo, lo hace si se siente irrespetado en sus líneas. “Para eso también me ha servido el carácter santanderano”, sostiene.
Considera que la telenovela es un género universal, con reglas preestablecidas, que admiten variaciones en las historias, pero cuya técnica y estructura debe mantenerse, si se pretenden romper fronteras. No está de acuerdo con la narconovela que ha invadido las pantallas colombianas y, con su visión desde el exterior, afirma que afuera no se entiende el gusto que esas temáticas despiertan en nuestro país, las cuales a la postre terminan reafirmando una idea equivocada de lo que es Colombia para el público foráneo.
Vanguardia Liberal habló con Héctor Forero y estas son sus respuestas:
Preguntas y respuestas
Ya 27 producciones originales, 4 adaptaciones, una larga carrera, ¿cuáles han sido especialmente esas obras significativas en esa carrera?
Hay una cosa que ya en mi vida no se puede quitar y es el haber escrito el primer capítulo de Padres e Hijos y haber estado 7 años ahí; eso me marca mucho en la vida. Por otro lado, muchas novelas, es que yo he hecho muchas novelas, de hecho acaba de terminar en el Canal Caracol Emperatiz, la última que estoy haciendo en Azteca, y como que cada novela te va marcando y cada novela te va dando satisfacciones. Hay una que se llama Retratos, con la que fuimos nominados a muchos premios internacionales.
No cabe duda que la serie de Padres e Hijos marcó toda una época en Colombia y un récord de permanencia al aire. ¿Cómo hizo para no repetirse en los temas y para mantener esa vigencia durante tanto tiempo?
Uno va creciendo. Cuando yo hice Padres e Hijos tenía 23 años y entonces yo creía en ese mundo que planteaba la serie. Luego creces y la vida te va cambiando cosas. Conmigo la vida ha sido una escuela también fuerte. Hace como diez años tuve un cáncer y eso te cambia la perspectiva de la vida. Te enfrentas a muchas cosas y eso te hace contar otras historias. No soy un libretista estático, yo no vivo de una historia, sino vivo de muchas.
¿Y cómo se nutre la creatividad de Héctor Forero para sus libretos?
Soy muy observador. Soy un tipo callado, que todo el tiempo está observando. A mí me encanta ver la gente, observar y grabar lo que hacen las personas; trabajo mentalmente y luego ver qué posibilidades de contar una historia ahí.
Las telenovelas suelen tener algunos lugares comunes y clichés que la gente identifica en su lectura. ¿Hasta qué punto se puede ser creativo dentro de un formato que exige esos lugares comunes?
Los lugares comunes se dan en la vida cotidiana siempre. Yo creo que si la telenovela cambiara y abandonara esos lugares comunes dejaría de ser la telenovela. Yo siempre le digo a la gente, mire: hay un refresco que lleva más de cien años en el mercado y que no admite un solo cambio porque la gente lo quiere así, lo mismo pasa con la telenovela. Es un producto ya muy marcado en el público, que lo quiere así.
Pero se han hecho algunos experimentos interesantes, por ejemplo de producciones brasileñas con contenido social y en el caso de Colombia también, los temas de región…
Pero te voy a decir una cosa y es la verdad de lo que ves en las ferias y en otros mercados: la televisión brasilera explora en muchas temáticas que solo les interesan a ellos; cuando salen sus telenovelas tienen dos barreras, una las estructuras dramáticas que no son tan digeribles por el resto del mundo, nadie dice que no sean buenas, lo son, pero no tienen el éxito que se espera, no venden tanto. Por ejemplo, El Clon cuando lo hicieron fuera de Brasil ya no funcionó. Y lo otro es que ellos tienen la posibilidad de que su mercado satisface lo que invierten en esas telenovelas. En Colombia seguimos viviendo del cuento de que hacemos grandes telenovelas, pero aquí solo hemos hecho dos grandes telenovelas que fueron Betty y Café, y cuánto tiempo ha pasado de eso, muchos años. O sea esos fenómenos ya no se volvieron a ver porque nosotros retrocedimos y ahora estamos en esa etapa negra de la narconovela, que aunque nos puedan parecer aquí interesantes, afuera no venden tanto. Estamos hablando del mercado mundial. Mientras una novela como Emperatriz se vende a muchos países, las nuestras se venden a dos, cinco países, veinte países máximo, y son países a veces de la región, o sea Ecuador, Perú, Venezuela, por acá cerquita.
Hablando de la narconovela, uno de los que podríamos llamar alumno tuyo, Juan Camilo Ferránd, se decidió por esa línea y es el autor del Cartel de los sapos y de la serie de Pablo Escobar. Hemos visto también otras producciones: Sin tetas no hay paraíso, El Cartel, etc.
¿Cómo observa ese auge de la narconovela y desde el exterior, desde México, qué imagen ve que se proyecta del país con esas producciones?
Nosotros acá tenemos una película montada de que hacemos grandes producciones, pero a nivel de temática, pues no. Eso de las tetas, como una persona se muera por eso, que sea tan trascendental, o “papito me vas a regalar las teticas”, todas esas cosas, como que afuera nadie lo entiende. ¡Qué onda con esta gente¡, ¿sí? Y ahora que van a hacer lo de Dania, y que van a hacer un poco de cosas, la gente dice, qué es lo que quieren, por qué pasa eso.
¿Qué plantea como reto el mercado globalizado de las telenovelas?
Yo creo que novelas que siga entendiendo todo el mundo. Por ejemplo, tú pones Café en Ucrania y la gente entiende Café, porque el sentimiento más universal es el amor. O sea, no se trata de pisotear lo que es la esencia de la telenovela o de las historias. Se trata simplemente de agarrar esas estructuras y meterlas dentro de una época moderna. Por decirte algo, en la época en la que se hizo Café de repente no existían las redes sociales, hoy en día como escritor tienes que meter a tus personajes en ese mundo de las redes sociales, pero sin romper la estructura. El asunto es que a veces se quiere romper la estructura, por querer ser diferentes queremos desconocer las reglas que se han mantenido en el mercado, y eso hace que uno no venda, que uno no llegue a esa universalidad.
Algunas obras
En 1990 escribe la segunda generación de la serie cómica La Posada, siendo el hit televisivo del momento. Además escribe algunos capítulos para las series Dialogando, Musidramas, Laberintos, Inquilinos y Capuchino.
Entre 1991 y 1992 nacen sus dos primeras novelas: Mi Amiga del Alma y La Huella de tus Besos.
El 16 de marzo de 1993, con la idea Original de Malcom Aponte y libretos de Héctor Forero, sale al aire el primer capítulo de Padres e Hijos.
En 1996 Conjunto cerrado, también de su autoría gana el premio Simón Bolívar como mejor serie infantil.













