Jueves 15 de Febrero de 2018 - 12:01 AM

La necesidad de escucharnos a nosotros mismos

Casi todos nos la pasamos anhelando que nos escuchen; pero no consideramos que siempre contamos con nosotros mismos. ¡Tal vez está siendo hora de escucharnos!

¿Ora y no siente que Dios lo escucha?

¡Es probable que sea su caso!

No es que el Creador no esté en sintonía con sus plegarias. Lo que sucede es que, en más de una ocasión, es usted quien no está dispuesto a oír su voz.

Tal vez solo intenta comunicarse con el Ser Supremo para ‘pedir y pedir’; pero pocas veces lo hace para agradecer o para hacerse el firme propósito de comprometerse con Él a trabajar por sus metas.

Debo aclarar que el asunto no radica propiamente en repetir palabras como una ‘lora borracha’ ni pronunciar frases sin sentido, tal y como lo hace uno que otro beato.

Intente comunicarse con usted mismo. Haga un ‘autollamado’ y defina con exactitud qué es lo que quiere hacer con su existencia.

Si no logra una verdadera conexión interior, difícilmente tendrá la oportunidad de crecer espiritualmente.

Es cierto que ora, pero lo hace sin fe; tampoco se tiene la suficiente confianza en que podrá alcanzar sus propósitos.

Las percepciones de nuestros sentidos, todos nuestros sueños, las visiones que tengamos, así como nuestras preocupaciones, vienen del interior; no de afuera.

En la medida en que se conozca a sí mismo, su creencia se fortalecerá y -mejor aún- podrá percibir que las bendiciones de Dios irradiarán su vida.

Cuando consiga conocerse a fondo, sabrá el por qué le pasan determinadas situaciones, comprenderá a los demás y, sobre todo, será capaz de asumir la realidad que le rodea.

¿Cómo hacerlo?

Podría empezar por hacer una reflexión sobre cómo influyen sus emociones en su cotidianidad o en su estado de ánimo.

Deberá hacer este análisis para eliminar, de tajo, todo lo negativo que llega a su mente y para poner a su favor cosas o hechos que hoy están en su contra.

También es fundamental en este proceso aceptarse tal cual es, sin que eso implique conformarse o resignarse a su suerte.

Lo anterior lo conminará a tener presentes sus capacidades y limitaciones, para no frustrarse.

Le corresponde plantearse metas a corto y mediano plazo, sin dejar de ser visionario. Esto reforzará su autoestima y le permitirá ‘felicitarse’ cada vez que avance.

Puede ser que la vida no le dé todo lo que usted quiere, pero tenga claro que sí contará con las herramientas necesarias para crecer.

¡Desista de vivir lo que no le corresponde!

No se preocupe por cosas inoficiosas ni intente parecerse a los demás. De esta forma no tendrá que afrontar la pesadilla de estar a la merced de los caprichos de los demás.

Los consejos que le ofrezco no tienen que cumplirse al pie de la letra, ni tampoco debe realizarlos de una.

De lo que se trata es de ser coherente y avanzar paso a paso.

¡Vaya a su ritmo, rumbo a la serenidad!

Y así, en medio de esa tranquilidad, logrará escuchar a Dios y estará preparado para entender que “todo lo que necesita está en su alma, no por fuera”.

Mejor dicho: ¡Téngase fe y recuerde que todo está dentro de usted!

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