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Domingo 25 de Junio de 2017 - 12:01 AM

¡Avancemos!

Muchos de nuestros proyectos no avanzan porque perdemos la fe y, por ende, se desvanecen nuestras fuerzas ante el más mínimo obstáculo.

A veces sentimos que no avanzamos. Y eso nos pasa, creo yo, porque nuestra mente vive ensimismada.

Es como si tuviéramos un gigante tablero en donde pasamos días enteros imaginando las flechas que debemos seguir y que, al final nos devuelven al mismo camino.

A pesar de que vemos nuestras iniciativas como volcanes a punto de hacer erupción, la efervescencia no alcanza el vuelo de nuestras fantasías.

En ese tablero de la mente, con frecuencia, encontramos distractores. Y es que de pronto surgen pensamientos negativos, como los temores y los miedos a fallar que se ciernen sobre nosotros y nos dejan paralizados.

La curiosidad nos aguijonea pero, al mismo tiempo, nos deja presos en nuestras propias limitaciones.

Todo el tiempo vivimos ‘desconectados’ de lo que anhelamos íntimamente y no sabemos enfrentar la realidad.

Eso hace que nos embadurnen las frustraciones y que, de paso, releguemos nuestros sueños o los abandonemos.

Cuántos hombres, hoy curtidos por los años, confiesan haber sido testigos de ideales que se fueron muriendo a medida que la vida se les fue esfumando.

El tema de hoy le apuesta a reflexionar sobre lo dañino que puede ser el vivir en esos espacios tan cerrados que construimos. Y lo digo porque, si bien nuestra vida está inspirada en la imaginación, no hemos aprendido a poner nuestros proyectos en la órbita de la realidad.

Los fantasmas mentales nos espantan nuestras buenas intenciones.

Lo anterior nos hace ver como personas distantes, poco exitosas, resignadas y arrinconadas por la cobardía.

Y como eso nos pasa a muchos, también es fácil cruzarnos con cualquier cantidad de personas que nos alimentan la idea de ir en la dirección equivocada.

La mente es un imán que atrae cosas. Y por ese motivo necesitamos alimentarnos de buenas ideas, que nos permitan mirar el horizonte y avanzar.

Hay que despertar de ese letargo, salir de la inercia y actuar. Mejor dicho, hay que ser consecuente con lo que soñamos y trabajar por esos anhelos.

Todos nuestros propósitos, desde los más grandes hasta los más sencillos, están en nuestro corazón y solo necesitan de un impulso para hacerlos latir.

Debemos entender que tenemos mucho por hacer. De esta forma podremos derrotar las inseguridades y saltar los obstáculos que están dentro de nuestras mentes.

Si bien no todo depende de nosotros, pues las circunstancias también inciden, sí es claro que el primer paso lo debemos dar.

Por eso, iniciemos el trayecto de una vez por todas. Sobre el camino encontraremos los medios para superar las barreras que nos aparezcan.

Y en esto, por supuesto, también será necesario perseverar, no desanimarse y, sobre todo, recuperar la fe en nosotros mismos.

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