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Domingo 16 de Julio de 2017 - 12:01 AM

Cruzada por el rescate de los valores

Nuestra sociedad es la suma de nosotros mismos. Y si ninguno de nosotros les apuesta a los valores, esa suma lo único que hace es menoscabar la convivencia.

Los jóvenes les han ido perdiendo el respeto a sus mayores, cada día que pasa se extravía más el concepto de la solidaridad, las relaciones ‘cara a cara’ se están desvaneciendo y la gente parece darles más importancia a temas tan superfluos como la moda, la vanidad y el mismo chisme.

Todo esto juega un papel fundamental en la crisis social por la que atravesamos. La moral, el pudor y el decoro han perdido terreno, lo suficiente como para que ni se tengan en cuenta.

El dinero, la competencia o los resultados económicos priman más que las buenas relaciones humanas o el servicio a la comunidad.

El respeto ya no se ve como una norma universal. Ese derecho ahora está dado por el que acumula dinero, por el que tiene armas o por el que ostenta el poder político. Incluso las propias redes sociales se han convertido en las mejores armas para ofender bajo el amparo de un falso perfil, en lugar de ser canales de comunicación.

¿Qué nos deja esta nueva forma de relacionarnos? Debo decir que los precios son muy altos y ellos se traducen en inestabilidad, desconfianza, conflicto y angustia.

Pasamos de un trato con lealtad y compromiso a unas relaciones marcadas por el interés económico y por los asuntos impersonales.

Todo lo que nos llega de afuera, que significa ceder lo propio, no posibilita una mirada distinta. Preferimos lo ajeno y por eso los valores que tienen que ver con la cultura y la tradición son asuntos del pasado.

Muchos no conocen el significado de la palabra lealtad y actitudes elementales como el respeto por la palabra, el manejo del silencio o saber escuchar no parecen esenciales.

En lugar de eso, es común detectar en nuestro entorno la agresividad, el egoísmo, la descortesía, el resentimiento, la violencia y la grosería.

También se han instalado en nuestra cotidianidad conductas antisociales y deshumanizadas.

Algo más grave: no hacemos nada por el rescate de los valores. Ni los padres de familia contemplan inculcarlos en sus hijos, ni los profesores se proponen esta misión.

El diagnóstico es grave si se tiene en cuenta que esta es una tarea que debería gestarse desde el hogar y que tendría que consolidarse en las aulas.

De aquí nace la necesidad de fomentar los valores, cada cual en su medida, con el fin de hacer de nuestra vida un entorno más transparente e íntegro.

Esta misión es de carácter urgente para evitar que se sigan deteriorando las relaciones humanas y el comportamiento ético.

Si bien puede parecer un desafío actual, dada la trivialidad que maneja hoy día al mundo, es claro que los valores humanos están contenidos en cada célula del cuerpo humano y, por ende, debemos rescatarlos.

¡Apostémosle a esta cruzada!

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