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Domingo 06 de Agosto de 2017 - 12:01 AM

Huir de nosotros mismos

Dejar de escapar de nosotros mismos puede hacer la diferencia entre una vida agobiada y una existencia plena. ¡Enfrentemos la realidad!

Las apariencias suelen ser ‘útiles’ en algunas ocasiones, pero al mismo tiempo ellas nos envenenan el alma. Mostrarles a los demás cosas que están embadurnadas de falsas imágenes termina por hacernos demasiado daño.

El tema es neurálgico, pues hoy somos hábiles en ponernos máscaras o en asumir ciertos roles que nos hacen ver relativamente ‘bien’ en la vida cotidiana.

Mentimos a toda hora solo para tratar de convencer a la gente de lo que no somos. Y en esa idea, utilizamos todos los recursos expresivos que nos permitan disfrazar la verdad.

Nos la pasamos cuidando nuestra imagen personal. Sin embargo, de nada sirve estar bien afuera si por dentro estamos destruidos.

En las redes sociales siempre nos vemos mostrando estilos de vida inexistentes, solo para satisfacer la curiosidad de cientos de seguidores o para que ellos no sospechen de nuestros problemas.

¿Qué nos pasa? Lo que sucede es que queremos evadir la realidad y escapamos de los problemas.

¡Es errado pensar que huir sea la clave!

Buscar excusas para evitar enfrentarnos a las situaciones difíciles por las que estamos atravesando jamás será bueno.

No darle la cara a cada cosa que ocurra nos acumula grandes cantidades de estrés, lo que empeora nuestra situación pues eso hace que las vicisitudes sean más difíciles de resolver.

Me sorprende la facilidad con la que nuestras mentes caen en el fraude y en el propio autoengaño. Diseñamos soluciones irreales y siempre asumimos actitudes que nos alejan de nuestra propia realización.

Tendemos a mostrar lo mejor de nosotros mismos como una forma de buscar la aprobación de los demás; pero en el fondo padecemos una procesión.

El miedo que sentimos por enfrentar las situaciones nos lleva a un ciclo vicioso contraproducente. En lugar de buscar una solución en nosotros, nos enfocamos en las cosas superficiales del mundo exterior.

Es preciso hacer una revisión interna para observarnos tal y cual somos: con nuestras virtudes y nuestros defectos.

Aceptarnos nos hace más fuertes y nos da valor para enfrentar esos lunares que tal vez no nos gustan o que no alcanzamos a comprender del todo. De esta forma, podemos desarrollar nuestro carácter.

Escuchemos nuestros pensamientos, pero al mismo tiempo aprendamos a dirigirlos por el trayecto de lo propositivo. También debemos dejar que la vida fluya, y más allá de los tropiezos hay que guardar fuerzas para levantarnos y continuar el camino con dignidad.

La paz interior es el mejor marcador para saber si realmente una persona está bien emocionalmente. Si algo nos angustia adentro difícilmente podremos ser felices afuera, pues la paz debe ser la gran anfitrión de nuestro corazón.

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