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Martes 15 de Agosto de 2017 - 12:01 AM

¡Desintoxicarse!

Mucha gente se deja llevar por las rabias, la ansiedad y el estrés, entre otras cosas, por los malos hábitos y el acelerado ritmo de vida que se afronta en la actualidad. Por eso es clave tomar un respiro y reflexionar un poco sobre cómo mejorar su estado de salud físico y mental.

Dicen por ahí que no se puede vivir con tanto veneno. Esa frase contempla muchas interpretaciones pero, al menos en la edición de hoy, quisiera centrarla solo en esa gente que se la pasa llena de rencores.

Esas rabias, ‘que pesan toneladas’, se convierten en sustancias tóxicas que invaden la cotidianidad y afectan la calidad de vida de cualquier ser humano.

Lo digo porque esos ‘disgustos del alma’ son sentimientos negativos que, de no detenerse, llegan a arraigarse y terminan desequilibrando no solo la mente, sino también el cuerpo.

Es claro que cuando alguien se deja invadir por estos pensamientos perturbadores cae preso de ansiedades prolongadas y de largos episodios de frustración, melancolía o tristeza. Lo anterior sin contar que se llena de pesimismo, vive en una tensión continua y contagia con su mal genio.

Todo esto es consecuencia de cultivar rencores que, como es apenas natural, contaminan su vida y aumentan el riesgo de contraer dolores de cabeza, úlceras y hasta problemas cardiacos.

Además, los pensamientos embadurnan a la persona de mala energía, la cual se traduce en limitantes o aspectos denigrantes que se convierten en una ‘bomba de tiempo’ a punto de estallar.

Hasta que la persona no elimine los efectos tóxicos que le han provocado esas sustancias, no podrá ser feliz; o al menos, no será capaz de llevar una vida tranquila.

El que vive envenenado por la rabia tiene que desvanecer los efectos de esa droga que lo manipula.

Eso implica no ‘enredarse la pita’, asumir una posición relajada, respetar a la gente, no usar a nadie, valorarse y, sobre todo, perdonar.

También es fundamental no crear espacios para que los odios crezcan. Así las cosas, se debe tomar una relativa distancia de aquellas situaciones que logran sacar de casillas a esa persona.

De igual forma recomiendo revitalizar la parte espiritual. Lo digo porque estas emociones de alguna forma son parte de la vida y hay que aprender a controlarlas.

Una mirada al mundo interior y un diálogo con el Creador, sin fanatismos, pueden apoyarse con meditación, breves espacios de silencio, cinco minutos de oración y un buen número de terapias relajantes.

También la música alivia y una buena lectura alimenta el espíritu. Incluso rodearse de gente entusiasta aporta su granito de arena a la causa.

Esas sanas herramientas permiten que la gente perciba el mundo exterior de una forma más serena y sin tantos repudios.

La desintoxicación mental contribuye a la toma de conciencia y a liberarse de esas tensiones destructivas, tan normales en estos tiempos.

Por último sugiero vivir el momento, no hacer cosas a juro, no pensar en el pasado y simplificar las cosas, para evitar seguir sumergido en la desazón de la vida.

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