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Martes 22 de Agosto de 2017 - 12:01 AM

¿Por qué no nos salen las cosas?

Cuando hay sabiduría, conocimiento y entendimiento se pueden emprender proyectos y lograr con ellos los fines deseados. Esos tres factores, además de ser perseverantes con nuestras acciones, son claves en cualquier propósito de vida que asumamos.

Siempre anhelamos una vida llena de prosperidad, felicidad, amor, abundancia, en fin... Nadie desea sentirse ‘pobre’ ni tampoco quiere vivir intranquilo.

Por eso, cuando no nos salen las cosas nos sentimos derrotados, tristes y frustrados.

Y aunque nada ni nadie puedan garantizarnos el éxito, es importante que concluyamos aquello que emprendamos, a pesar de que no se obtengan los resultados esperados.

Lo importante, eso sí, es aprender a fallar menos y, en la medida de lo posible, garantizar que de manera efectiva nuestro panorama cambie para bien.

El tema lo planteo porque de pronto usted percibe que ha hecho las cosas de una forma correcta y, a pesar de ello, no siente que su mundo sea próspero ni se siente del todo feliz.

¿Por qué le sucede esto?

¿A qué se deberá que usted y muchos de nosotros no alcanzamos esas relaciones sentimentales perfectas, no nos resultan tan bien los negocios e incluso afrontamos situaciones difíciles aún siendo buenos seres humanos?

Yo podría responder, de entrada, que todo lo que tenemos en la vida es el resultado de lo que sembramos.

¡Tal vez sí, tal vez no!

Lo cierto es que queremos resultados distintos, pero continuamos haciendo las cosas de la misma forma. Creemos de manera errada que estamos manejando bien nuestras vidas y no nos oxigenamos.

¡Necesitamos cambiar nuestra forma emprender proyectos!

Es preciso que nos transformemos, lo que implica movernos, conocer más nuestro interior, imprimirles auténticas ganas a la vida, tomar decisiones acertadas y, sobre todo, jamás perder la fe.

A veces no conseguimos lo que tanto anhelamos porque no lo visualizamos, ni tampoco diseñamos un plan ordenado para conseguirlo, sin contar que no somos disciplinados.

Es imprescindible revivir ese deseo irresistible de ascender, no hacia un ‘cargo de jefe’ o hacia un tope millonario en nuestras cuentas bancaria, sino hacia nuestra propia realización como seres humanos.

Hay que comenzar a caminar, a cumplir nuestra palabra, a hacer realidad nuestras promesas de cambio y a afrontar lo que la vida nos ofrezca por encima de las adversidades.

Jesús decía: “Pedid y se os dará”.

Pero el Señor no hablaba de pedir lujos, dinero u otras cosas materiales. Él hacía referencia a pedir información o sabiduría, para saber actuar en determinado momento.

Por eso, es esencial estar siempre enfocados y recordar que las barreras son muchas veces oportunidades para alcanzar el camino a la grandeza.

Obviamente debemos dejarnos sorprender gratamente por la vida misma.

La actitud positiva ayuda a conseguir más fácilmente los resultados deseados y, de paso, nos garantiza un sentimiento de logro y bienestar.

Y si estamos dispuestos a cambiar, Dios nos dará intuición, serenidad o luces que nos permitan ver la vida de un modo más claro.

Hay que saber buscar, saber pedir, saber perseverar y, sobre todo, no quedarnos con los brazos cruzados esperando que la vida nos cambie ‘solo porque sí’.

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