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Martes 05 de Septiembre de 2017 - 12:01 AM

Ver la realidad

Solemos utilizar diversos mecanismos para distorsionar lo que ocurre a nuestro alrededor y para adaptarlo a lo que quisiéramos que ocurriera realmente.

Tenemos la fea costumbre de distorsionar la realidad. A veces suponemos que nuestras percepciones son representaciones exactas, cuando está comprobado que el 80 % de lo que percibimos no pasa de ser una simple conjetura.

Por querer ver solo lo que nos interesa, nos comportamos como unos perfectos majaderos. Los celosos sí que dan cátedra de ello; y ni hablar de los pesimistas e inseguros, quienes arman auténticas tormentas en vasos de agua.

Ciertos temores y unas cuantas ‘taras’ modifican las percepciones. Ellas hacen que la óptica sobre el entorno esté alterada de manera extrema. Al final todo lo que decimos es solo un punto de vista o una panorámica, que se aprecia solo desde el lugar en el que nos encontremos.

Y sacando de un lado la intuición, que a mí manera de ver tiene un gran porcentaje de acierto, solemos almacenar pensamientos que son anomalías de la mente y que siempre nos llevan a ver lo que no es.

Por alguna sutil peculiaridad nos bloqueamos y no tenemos una vista clara de las cosas que nos ocurren. Somos los que invertimos el orden de las cosas y casi siempre vemos la vida al revés. Si somos inseguros, vemos fantasmas a toda hora.

Y no se trata solo de un defecto visual; pues este tema es más grave de lo que podría pensarse. Si se tiene en cuenta que los ojos son las antorchas del pensamiento, no resulta difícil pensar que este defecto de la personalidad puede destruir una relación amorosa, puede flanquear el ánimo, puede hacer que nos estresemos e incluso puede sumergirnos en una profunda depresión.

Esas erradas formas de interpretar nuestros entornos se dan porque queremos tener todo bajo control. Y la vida no consiste en eso; no hay nada que controlar, salvo prestar atención a los sentimientos que envuelven cada situación que vivimos.

Esto es de una relevancia capital, pues somos los creadores de nuestra realidad. Si sabemos manejar las emociones, no tendremos por qué preocuparnos.

La realidad y la vida misma son más amplias que nuestras percepciones. Dios es infinitamente más grande que la mejor aproximación que podamos hacer a Él. Por eso, a lo largo de los años, los actos de fe han tenido tanta fuerza y han sido significativos en muchos momentos de la historia.

Es hora de poner los pies sobre la tierra. Debemos dejar de ser tan fríos y calculadores. No nos metamos tantas cucarachas en nuestras cabezas. Creamos más en nosotros mismos y recordemos siempre que una mente tranquila, siempre genera poder.

Esencia vs. apariencia

Interpretamos tan mal la realidad, que siempre nos preocupamos más por la apariencia que de la esencia.

En la forma de vestir, por citar solo un ejemplo, estamos demasiado pendientes de las ‘pintas’ que vamos a lucir: combinamos los colores de las camisas, pero nunca nos detenemos a pensar que lo más importante es que el vestido sea inmaculado y, sobre todo, que no tenga arrugas.

Ojo con las apariencias, lo importante es la esencia. Usted puede ser un poco vanidoso, pero recuerde que siempre valdrá mucho más que un traje.

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