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Martes 26 de Septiembre de 2017 - 12:01 AM

No les huya a sus miedos, ¡enfréntelos!

Sus miedos no se generan por los problemas en sí, sino por la valoración que usted les da a esos acontecimientos. Ellos, de toda formas, hacen parte del tránsito normal de su vida. Su tarea consiste en no dejarse consumir por tales temores y enfrentarlos con dignidad.

Usted suele darle tanto poder a sus miedos que, con frecuencia, se inventa los problemas.

De alguna forma, a todos nos han asaltado los temores. Porque al igual que la alegría, la tristeza, la rabia y el dolor, el miedo es considerado como una emoción normal e inherente a la naturaleza humana.

No obstante esa condición, el miedo lo puede dejar más que frío y, en más de una ocasión, lo hará perder grandes oportunidades.

Por eso, no se deje llevar por el temor. Usted no puede permitir que esta inseguridad le anule su voluntad porque, si se lo permite, le quitará la libertad para tomar soluciones prácticas.

Desde esta perspectiva, el miedo puede hacer que siempre reaccione de manera desproporcionada o que tenga salidas anticipadas que pueden ser imprudentes y, por lo tanto, más peligrosas que la misma situación que generó ese temor.

Así las cosas, cuando usted se deja dominar por el miedo perturba su estado de ánimo y pierde la confianza en sus propios recursos para afrontar situaciones concretas. Lo anterior sin contar que se les dilatan las arterias, aumenta la velocidad del flujo sanguíneo y sube el ritmo cardíaco, en algunas ocasiones más de lo normal.

Lo que más me sorprende es que, en más de una ocasión, lo que genera ese temor es infundado. Casi siempre, esa sensación de peligro que experimenta no es más que un fantasma creado por su propia mente.

El miedo tiene el poder de paralizar y le hace temblar las piernas. Lo anterior sin contar que la tensión que se genera en sus músculos se une al instinto de conservación y al bloqueo que se produce a nivel mental.

Si todavía considera que existen motivos para continuar empoderando su miedo irreal, tenga presente que al hacerlo, además de inhibirse como persona, está permitiendo que su cuerpo somatice ese temor, dando lugar a enfermedades que básicamente son producto del aumento en los niveles de estrés y ansiedad.

Lo mejor es aprender a identificar cualquier situación que afronte. De esta forma se podrá comprender qué tan racional o ilógico es sentirse amenazado por determinado objeto o problema.

¡Ese análisis es fundamental!

Una vez identificada la clase de miedo, relájese y propóngase la meta de enfrentarlo, controlarlo y ejercer dominio sobre él.

Debe aprender a ‘tomar el toro por los cuernos’, entre otras cosas, porque es la única manera de saber qué tan capaz es de dominarlo. Hay que ponerle el pecho a la brisa de la vida, porque si no se lanza al ruedo, nunca adquirirá la autosuficiencia que le permite resolver sus propios problemas.

Recuerde que no se puede ir de una ‘lanza en ristre’ contra el temor. ¡Hágalo de una forma gradual! Las primeras veces le resultará difícil; pero con el paso de las exposiciones a una misma situación, el miedo se volverá totalmente gobernable.

Tenga presente que cuando usted enfrenta cualquier vicisitud por la que atraviese descubre que tal angustia, que tanto lo agobiaba, no era tan grave como parecía.

¡Dios lo bendiga!

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