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Domingo 01 de Octubre de 2017 - 12:01 AM

En el amor, también hay que dejar ir

Muchos despechados se la pasan atormentándose por ‘lo que pudo ser y no fue’. ¡Eso no sirve de nada! Latigarse porque alguien nos deja es un auténtico ‘haraquiri’.

El amor es un don que procede de Dios y casi que se podría decir que solo quien alcanza esa bendición puede amar con el corazón.

Y aunque con este sentimiento no se debe discriminar, solemos hacer eso; incluso sufrimos por él hasta más no poder, a pesar de que eso no es bueno para el espíritu.

Con relativa frecuencia también vivimos el desamor y nos la pasamos tristes por la ausencia de ese ser querido.

Los desamores no se ‘curan’ a punta de valeriana, ni con aguas aromáticas. Mucho menos se extirpan escuchando canciones, llorando, tomando licor o cayendo en las drogas alucinógenas. Tampoco es preciso recurrir a los actos de venganza.

¿Ya saben de qué hablo?

¡Pues, del despecho!

El llanto amargo es una de las particularidades de alguien que se siente traicionado o abandonado por el ‘amor de su vida’. Cuando eso pasa, la persona se entrega a la pena. Este es un errado proceder porque, más allá del desengaño o de la partida de la pareja, usted no puedo echarse a morir.

¿Qué es eso de no dormir, no comer, ni querer trabajar?

La vida no termina solo porque alguien decidió no amarlo. ¡El mundo sigue girando y usted con él!

La idea de recordar a quien lo decepciona se aferra a su estado de ánimo y pareciera no borrarse; es como si ese ser lo hubiera marcado con tinta indeleble.

¡Mucho cuidado! El despecho es un sentimiento de desilusión que deja el descubierto su apego a alguien y, por supuesto, usted sufre hasta los tuétanos.

Esa sensación nauseabunda de impotencia, mezclada con rabia y melancolía, seguirá revolviendo su estómago si insiste en quedarse atrapado en los recuerdos. Hay quienes caen en el alcoholismo, se sumergen en la depresión y en varias ocasiones tienen pensamientos suicidas.

¿Por qué ‘sobrevalorar’ tanto a esa persona que lo traicionó o que decidió apartarse de su camino?

Eso de quedarse atrapado en el dolor jamás será bueno, entre otras cosas, porque la primera ley de la vida es quererse a uno mismo. Tener un poco de dignidad y sobreponerse son aspectos esenciales en este proceso.

No puede sentirse menos que nadie. Y lo digo porque en los momentos de baja autoestima usted alcanza a hacerse demasiado daño por alguien que, con seguridad, no merece que lo llore tanto.

¡Claro que hay que vivir el duelo! Pero también es preciso desprenderse, cerrar el círculo y pasar la página.

En tales pasos siempre será fundamental tener confianza. Ella le ayudará a seguir la vida sin mirar hacia atrás.

Lo ideal, a mi manera de ver, es darse cuenta de los valores que posee y no atarse a nadie ni convertir a ese ser amado en su máscara de oxígeno.

El principal consejo para quien hoy esté despechado es muy claro: Construya una fuerte autoestima y una saludable y afectiva relación consigo mismo.

Destierre la idea de que usted fue el culpable de lo que pasó. Y si lo fue, perdónese.

Procure alejar del pensamiento a esa persona que se quiere olvidar, sin que tenga que odiarla. Y es evidente que para esta terapia existen dos armas valiosas: la fe en sí mismo y, sobre todo, voluntad.

Además, siempre será sano para el espíritu dejar ir a quien ya no quiere estar a su lado.

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