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Jueves 05 de Octubre de 2017 - 12:01 AM

Abrirle la puerta a la esencia

Más allá de nuestros deseos de lograr una riqueza material, deberíamos propender por conservar los mejores tesoros que poseemos; es decir, los valores, los principios y nuestra paz interior.

El mundo actual nos ha acostumbrado, de manera errada, a querer ‘más y más’, al punto de volvernos seres insaciables. Si bien no estoy en contra de tener ambición, pues en el buen sentido de la palabra ella nos impulsa a crecer, caemos en el exceso de cifrar todos nuestros anhelos en lo material.

Tal vez por eso gastamos más dinero en cosas que no necesitamos y nos dejamos impresionar por la gente que tiene más cuentas bancarias que principios.

Algunos hacen hasta lo imposible para alcanzar todo lo que está ‘in’ e incluso consideran que el ‘tener’ es más importante que el ‘ser’.

En ese orden de ideas valoramos más lo que está por fuera, que lo que tenemos por dentro.

Olvidamos, por ejemplo, que la mente es el activo más grande y nuestra fuente de riqueza más valiosa.

En cambio nos la pasamos anhelando el ‘poder’ que tienen nuestros compañeros de oficina, quisiéramos vivir en un barrio más exclusivo que el que habitamos y nos sumergimos en compromisos sociales y etiquetas que nos enredan más.

Y por vivir más de la apariencia que de la esencia, nos estresamos y nos preocupamos con nimiedades.

Muchas personas que lo ‘tienen todo’ han confesado que el hecho de haber enfocado sus vidas en la adquisición de cosas los hizo infelices. Por luchar por lo material perdieron relaciones, aumentaron sus sentimientos de aislamiento e inseguridad e incluso comprobaron que si bien todo se compra con plata, no pudieron jamás hallar la felicidad.

También los que hacen estudios del comportamiento humano señalan que fijar la vida solo en bienes materiales, además de afectar la salud, hace que se pierdan los sentidos de responsabilidad social.

No nos dejemos impresionar tanto por el dinero, que pronto se acaba; ni por los títulos académicos, que no nos enseñan a ser gente; tampoco por la belleza, que siempre se desvanece; mucho menos por la cantidad de seguidores en redes sociales, que en más de una ocasión muestran lo que no somos en realidad.

Mejor dejémonos impactar por la generosidad, que se traduce en la bondad que desplegamos hacia los demás; por los valores y principios, que jamás se negocian; por la autenticidad, que nos muestra tal y cual somos; y por la sencillez, que muestra el lado más bello de un ser humano.

La vida es demasiado corta como para reducirla solo a tener plata. Y aunque para algunos es más difícil que para otros, la vida nos brinda la posibilidad de disfrutar.

Es fundamental liberarnos de las apariencias, de las tensiones por el qué dirán y de la idea de ser millonarios a toda costa. Ser sencillo alimenta más.

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