Publicidad
Mié Oct 18 2017
22ºC
Actualizado 09:33 pm
Martes 10 de Octubre de 2017 - 12:01 AM

Dedicado a ese que no soporta que otro gane

Existen varias formas de contrarrestar la envidia, pero la más efectiva es la de la indiferencia. Recuerde que las cosas se caen por su propio peso. La vida misma suele neutralizar al envidioso y lo conmina a ver el triunfo del envidiado.

Nunca he entendido porqué existen personas que aprenden a ‘construirse’ a sí mismas destruyendo a los demás. Se dedican a derribar, antes que a edificar.

De manera desafortunada, estamos rodeados de ‘compañeros’ que inexplicablemente sienten pesar porque nos va bien.

Hablo de esos individuos que no aceptan que otros triunfen o se abran camino, al punto de que se entristecen por tales victorias.

Siempre he desconfiado de ese hombre que debe esforzarse demasiado para admitir las cualidades de los demás porque, en el fondo, es alguien que está carcomido por el ‘cáncer’ de la envidia.

Y comparo tal defecto con esa enfermedad, entre otras cosas, porque sentir envidia es socavar los propios sentimientos y sufrir por aquello que no se tiene. Además, hay que tener en cuenta que la envidia siempre proviene de adentro, lo que me hace pensar que es un tumor maligno.

Alguien así nunca tiene una buena relación con quien le rodea. Suele ser un individuo que ofrece dulzuras, pero al final solo destila amarguras.

También, por regla general, el envidioso desea lo que no le es posible obtener, lo que descubre su carencia.

Vive tan obsesionado por ganar una buena imagen ante las otras personas, que pasa toda su vida temeroso de perder el ‘fulgor’ de su figura social. Tal vez por eso le tiene tanto pavor a la crítica. Tanto que considera como un ataque personal cualquier idea que escucha de sus vecinos.

Es feo ese sujeto que no piensa sino en lo suyo y que maltrata al que lo supera. La palabra fraternidad no existe en su diccionario. Es resentido. De hecho vive recordando con disgusto y amargura ofensas pasadas.

Alguien calificó a la envidia como la terrible plaga del Siglo XXI.

¡Y sí! Ese es un mal que carcome el alma y frena las intenciones de vuelo de quienes deciden hacer las cosas por la vía correcta.

La envidia, como el fuego voraz, ennegrece lo que no puede destruir. Es la polilla que intenta carcomer la madera ajena.

El envidioso, como todo ser capcioso, es astuto para hacer sus comentarios. Tiene lengua y ojos largos, tan pronunciados como para indagar qué tan despejado está el camino de su ‘rival’.

En síntesis, todo aquel que siente envidia ve muy pálido y pequeño su propio reflejo. Se ve tan débil ante las figuras de los demás, que busca por todos los medios sobresalir a toda costa.

¿Cómo lidiar con gente así?

Me gusta responder esa pregunta de la siguiente manera: “Dejando hacer, dejando pasar”.

Escribo esto porque, más allá del supuesto daño que nos quiera hacer, el envidioso siempre queda en evidencia y, por ende, se le cae la estantería.

Mejor dicho: lidiar con la envidia es aprender a ser indiferente ante quien la practica.

Cuando comprendemos que el envidioso actúa por sus propias flaquezas, nos damos cuenta de que cualquier cosa que haga contra nosotros irá perdiendo poder y quedará al descubierto.

¡No se preocupe si alguien lo envidia, déjele esa angustia al envidioso!

Publicada por
Contactar al periodista
Su voto: Ninguno (15 votos)
Publicidad
Comentarios
Agregar comentario
Comente con Facebook
Agregar comentario
Comente con Vanguardia
Comente con Facebook
Agregar comentario
Vanguardia Liberal no se hace responsable por las opiniones emitidas en este espacio. Los comentarios que aquí se publican son responsabilidad del usuario que los ha escrito. Vanguardia Liberal se reserva el derecho de eliminar aquellos que utilicen un lenguaje soez, que ataquen a otras personas o sean publicidad de cualquier tipo.
Publicidad
Maki de palmitos de cangrejo y plátano maduro
Una receta rápida y de pocos ingredientes.
Publicidad
Publicidad