Domingo 26 de Noviembre de 2017 - 12:01 AM

No se deje envolver por el desánimo

El desánimo, dadas las circunstancias actuales, tiende a convertirse en epidemia. Es un virus que nos contagia y que, si no lo detenemos, nos frenará más. Alejémonos un poco de los problemas, renovemos nuestro espíritu, seamos propositivos y vayamos siempre hacia adelante. Todo ello nos ayudará a superar esos ‘bajonazos del ánimo’.

A veces nos levantamos desanimados. Cualquier tropiezo, por mínimo que sea, nos hace pensar en la idea de abandonar todo. Algunos, más pesimistas que otros, empiezan a resignarse y a convencerse de que ‘nacieron para perder’.

¿Le ha ocurrido eso alguna vez?

Más allá de los momentos difíciles, somos nosotros mismos los que optamos por desinflarnos más de la cuenta.

Cualquier indicio de desánimo es una distracción de nuestros pensamientos que, entre otras cosas, tienen licencia para lograr que nos ‘autocompadezcamos’.

En ocasiones perdemos la fe y hasta le echamos la culpa a Dios, como si ese desánimo fuera un problema estrictamente de Él.

Dos cosas no hay que hacer cuando estamos ‘bajos de nota’: una de ellas es no insistir en seguir ‘achicopalados’; la otra es no dejar de trabajar por lo que anhelamos.

Hay que saber manejar este tipo de golpes al entusiasmo.

¿Sabe por qué nos desanimamos con frecuencia?

Porque sentimos, de manera errada, que cada día hay una brecha más grande entre nuestras expectativas y nuestros resultados.

Trabajamos duro y no crecemos económicamente; le echamos ganas una relación y al mismo tiempo nos sentimos distantes de ella; nos esforzamos por hacer dietas para adelgazar y cada día nos vemos más ‘pasados de kilos’ en el espejo.

Yo sé que no es alentador apostarle a una meta, ponerle fecha en el calendario y luego comprobar que no logramos ni el 10 % de lo presupuestado.

¿Sabe algo? Ni siquiera es un asunto de porcentaje. Lo que pasa es queremos todo multiplicado por 100 y, por nuestros afanes, queremos ‘todo para ya’.

De igual forma considero que lo que pasa es que, nos hemos acostumbrado a tener en la cabeza una ‘escombrera’. Lo peor es que esa basura acumulada es la que no nos deja encontrar mejores resultados.

Si no limpiamos nuestra mente de manera periódica, toda esa mugre nos va a detener nuestro progreso. Nos corresponde deshacernos de tanta basura, para que no perdamos el enfoque de nuestras metas originales.

A veces, lo más sano que podemos hacer es relajarnos, tomarnos un tiempo libre o practicar la frase que reza así: “Dejar hacer, dejar pasar”.

Es normal que nos cansemos y en esos casos es preciso una gota de descanso.

Lo que sí es fundamental en esta tarea es no dejarse dominar por la tristeza, porque ella no trae bienes sino males.

Y como muchas victorias suelen venir después de una derrota, no le podemos abrir la puerta a la frustración.

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