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Mar Dic 12 2017
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Jueves 30 de Noviembre de 2017 - 12:01 AM

¿Por qué sentimos que el día está gris?

Lo importante no es lo que pasa realmente, sino la interpretación de lo que hacemos con lo que nos sucede.

A veces, desde que nos levantamos, comenzamos a sentir que todo nos sale mal. Cuando eso pasa, creemos de manera errada que no es nuestro día y que el mundo entero está confabulado en contra de nosotros.

¿Por qué nos ocurre eso?

Porque vemos con mayor prioridad lo malo, que lo bueno.

Lo más grave de este asunto es que si no dejamos de pensar en lo negativo, tendremos una percepción más fatalista.

Así las cosas, en lugar de espantar la mala vibra, lo que hacemos es alimentar actitudes desalentadoras y depresivas.

Nos llenamos de temores que solo demuestran lo poco habilidosos que somos para resolver las adversidades.

En lugar de sacársele provecho a todo lo aparentemente ‘malo’ que nos sucede, nos dedicamos casi que a echarle la culpa al día.

Lo que no entendemos es que, esta forma de actuar contribuye únicamente a programar la mente para que efectivamente busquemos el fracaso en cada actividad que emprendamos durante esas 24 horas.

Cuando tengamos uno de esos días en el que todo parece salirnos al revés, deberíamos darnos cuenta de que existen soluciones para todas las circunstancias.

¿Estamos pasando por una situación difícil o dimos un traspié en nuestra cotidianidad?

Hagamos un alto en el camino, asumamos la situación y entendamos las circunstancias que ocasionaron las dificultades por la que estamos atravesando.

Debemos reconocer que cada situación del día es un evento independiente y, por lo tanto, no necesariamente en las demás situaciones que vayamos a realizar durante el resto del día nos tiene que ir mal.

Lo más conveniente en estos casos es desechar las ideas negativas y reemplazarlas por pensamientos positivos.

Al anular esos sentimientos de derrota, nos devolvemos la confianza perdida y lo mejor es que eso nos ayuda a asumir que “nada es tan grave”.

Seamos conscientes de nuestra responsabilidad y enfrentemos el día a día con optimismo. Al fin y al cabo todo lo que ocurre en nuestras vidas, tanto lo bueno como lo ‘malo’, es el resultado de nuestras propias acciones.

Mejor dicho: todo es consecuencia de nuestros actos, pero no por eso nos debemos echar a morir.

Abandonemos ese estado derrotista en cada obstáculo que se nos atraviese.

Es mejor poner a prueba aquellas habilidades que nos permitan estar por encima de las dificultades.

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