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Martes 05 de Diciembre de 2017 - 12:01 AM

Un enfoque más espiritual

No podemos alimentar nuestras religiones con actitudes ‘ciegas’, miedos u odios. Tampoco debemos seguirla solo cuando nos convenga. Es preciso vivirla con una espiritualidad que se nutra de fe, de confianza, de servicio y de respeto por las diferencias.

Todos los caminos que conducen a Dios son buenos. Así las cosas, me atrevería a decir que cualquier religión, siempre y cuando se siga con sinceridad y una recta intención, tiene sus lados positivos.

Crecí en una familia que me enseñó que, por encima de la institución religiosa, están los creyentes de base; es decir, esas personas con las que, si bien no compartía su fe, les podía valorar sus labores de asistencia a los más desfavorecidos.

En los barrios de Ciudad Norte, donde adelanté mi práctica de Comunicación Social, en una época en la que esa carrera universitaria sí era pensada en pro de la gente, conocí a muchas personas que profesaban ‘x’ o ‘y’ religión y que, más allá de sus creencias, siempre estaban atentas a ayudar a sus vecindarios y propendían por los valores humanos.

Me gustan esos religiosos que, con delicadeza y buen trato a la comunidad, hacen cosas valiosas por la gente. Y lo hacen sin evangelizar, ni excluir a nadie.

Considero que los libros sagrados de todas las religiones, independiente de la iglesia que se siga, tienen verdades valiosas que se deben reconocer y practicar.

Hay otros escritos que se leen en las religiones que, a decir verdad, no se podrían tomar al pie de la letra porque fueron escritos por hombres. Y así hayan sido ellos inspirados por Dios, deberían ser interpretados en su espíritu y no tomados literalmente, porque están influenciados por la cultura, la idiosincrasia y la mentalidad de la época en la que fueron redactados.

Lo que sí tengo claro es que jamás debería existir el fanatismo.

De manera desafortunada hay quienes se vuelven ciegos por alguna religión o escuela en particular, entre otras cosas, porque consideran y están convencidos de que solo ella es depositaria de la verdad y fuera de tales dogmas no hay salvación.

La religión no puede ser vista como una obligación ni un conjunto de reglas dogmáticas e incuestionables que hemos de seguir sin chistar. Me gusta más la espiritualidad que invita a razonarlo todo y a decidir nuestras acciones asumiendo las consecuencias.

Yo creo que es preciso tener un concepto más práctico de la religión y de nuestra relación con Dios. Es decir, es clave desarrollar una mentalidad más abierta y entender que el Creador es uno para todos. De manera desafortunada, hemos sido los hombres los que hemos parcelado los conceptos solo para manipularlos para nuestro provecho.

Debemos expresar nuestra espiritualidad sin levitar ni tener que oler a violetas. Es fundamental poner los pies sobre la tierra y alejarnos de fanatismos.

Hay formas más lógicas y maduras de afrontar nuestra religiosidad y nuestra relación con el Ser Supremo. Apreciemos la cara humanizante y de servicio de la religión.

Confieso que me gusta más esa etapa mística comunal, en la que se aprecian las cosas de la espiritualidad con un criterio más vivencial.

Nota aclaratoria:

Es mejor no intervenir en quien es indiferente a las cosas religiosas o espirituales. Ni siquiera hay que intentar decirle a una persona escéptica que siga lo que uno cree. Respetemos el alejamiento o la distancia que alguien tome de los diferentes credos.

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