Domingo 17 de Diciembre de 2017 - 12:01 AM

¡Que sea lo que Dios quiera!

Es importante ponerse en manos de Dios, entre otras cosas, porque así podrá estar más sereno y aceptará las cosas que definitivamente no puede cambiar por su propia cuenta. Sea como sea, siempre espere un desenlace positivo de cualquier situación en la que se encuentre.

La frase “Que sea lo que Dios quiera” era muy utilizada por nuestros abuelos. Ellos la mencionaban justo cuando se encontraban ante una situación difícil y no podían hacer nada para remediarla.

Si bien esa expresión acuñada por nuestros viejos hacía alusión a algo negativo, como una enfermedad grave o algo de lo que se esperaba un desenlace fatal, yo prefiero en estos tiempos mencionarla de una forma más esperanzadora.

Lo digo porque a veces queremos anticiparnos a lo que vendrá y, en lugar de calmarnos, nos sentamos a esperar lo peor. ¿Por qué no pensar que vienen cosas buenas?

Cuando hemos hecho todo lo que nos correspondía realizar, incluso más allá de nuestras capacidades, no queda de otra que ‘dejar hacer y dejar pasar’.

Y que bueno que podamos dejarlo en las manos de Dios y aceptar su divina voluntad.

Si las cosas pasan para algo y si el Creador lo dispone, pues habría que pensar también que lo que ha de ser será bueno. ¿No?

Esto implica una expresión de fe ya que Dios tiene las cosas bajo su soberanía y control. No obstante, tampoco podemos esperar que todo caiga del cielo.

Si bien recomiendo no preocuparnos demasiado por lo que ha de ser, tampoco hay que quedarnos sentados y quietos pensando que la vida se nos resolverá en un abrir y cerrar de ojos.

Dicho de otra manera: hay que tener fe, pero ayudarse. Y mi gran recomendación es hacerlo con serenidad, sin afanes y teniendo los pies sobre la tierra con la confianza de que el plan de vida es nuestro y de nadie más.

Eso que algunos llaman destino, a mi manera de ver, está en gran parte en nuestro poder de acción, siempre y cuando demos lo mejor de nosotros.

En resumidas cuentas quiero decir que si usted espera “que sea lo que Dios quiera”, debe empezar por hacer algo propositivo que le dé una manita, no a Dios, sino a su propio destino.

Y en esa tarea, léalo bien, le corresponde no ser ni fatalista ni un ser resignado a su suerte.

Usted es el encargado de escribir su propia historia, más allá de que algo eventual ocurra.

Analice su vida con conciencia y evalúe si está haciendo lo correcto. No se engañe ni busque excusas para no hacer lo que le corresponde.

Tómese un tiempo y analice qué está dejando en manos de Dios y qué es lo que realmente debe hacer por su propia cuenta. Solo así podrá tener una vida plena.

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