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Martes 19 de Diciembre de 2017 - 12:01 AM

Es una buena idea dejar los malos hábitos

Sea cual sea el mal hábito que necesite corregir, la clave está en su cerebro. Por eso, hay que hacer ejercicios mentales para liberarse de cualquier vicio.

Muchos, de alguna forma, tenemos una mala costumbre que nos gustaría cambiar. Pero hacerlo es difícil. ¡Pregúnteselo a ese adicto que lleva años intentando dejar de consumir drogas alucinógenas y ha fallado en varios intentos!

Y eso pasa porque nos dejamos hundir. Esa manía se arraiga y nos somete al punto de que, cada vez que intentamos hacer algo para erradicarla, se aferra más y no nos deja salir a flote.

Un mal hábito quita energía, pues hace que uno quede fuera de control. Y aunque al principio nos ‘sentimos bien’, tarde o temprano comprobamos que es perjudicial para la salud, deteriora nuestras relaciones personales y hasta les da golpes a los ya alicaídos bolsillos.

Debemos tener mucho cuidado con cualquier hábito negativo, porque si bien es una pauta de vida inconsciente, al final resulta destructivo al punto de lanzarnos a la dependencia.

Una persona común y corriente, que adquiere un mal hábito, hace que el 60 % de sus pensamientos diario giren en torno a esa negativa manía.

Usted no puede acostumbrarse a convivir con esa densa sombra en la mente y en el espíritu.

No olvide que la mente tiene magnetismo y atrae lo bueno o lo malo.

La alentadora noticia es que cualquier costumbre fea que se tenga puede ser derrotada con solo querer hacerlo. Y si se toma tal decisión, eso le ayudará a tener más confianza y mayor autoestima.

Es decir, es fundamental apropiarse de una buena dosis de voluntad y armarse de valor para tomar la decisión y salir adelante.

Es cierto: romper este mal hábito puede demandar uno, dos y hasta diez intentos; pero es con la perseverancia y la serenidad que se logra la meta.

Por eso la absurda idea de que “uno al año no hace daño” es de lo más letal para las dietas, por citar solo un caso.

Aquí no se vale aflojar. Si trabaja duro la primera semana, pero luego se echa a la locha, fracasará en su intento.

La constancia y el autocontrol son las armas para debilitar cualquier manía. También debe tenerse fe. Lo digo porque es común que, en el proceso de desterrar alguna fea costumbre, sienta que no podrá lograrlo. Hasta sus pensamientos le susurrarán que la tarea propuesta es demasiado para usted.

No escuche ese parloteo que quiere arruinarle su propósito. En cambio, prémiese por cada logro que alcance. Incluso hasta puede definir un mecanismos de recompensas para reforzarse y antes que desistir siga pensando en las ventajas que obtendrá con cada batalla ganada.

Arriésguese a vivir un día distinto, sin ese feo hábito que lo atosiga. Hágalo y, más allá de la ansiedad, reconozca la novedad que experimenta.

¡Tome el control de su vida!

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