Jueves 21 de Diciembre de 2017 - 12:01 AM

Una taza de amor propio

Quererse no depende de los demás. El amor propio es un asunto de nuestra voluntad, no de quienes están a nuestro alrededor ni de las situaciones o contextos en los cuales no desenvolvamos.

Dicen que ‘en donde no hay agua, nadie puede insistir en remar’.

¡Y es apenas lógico!

Cuántos novios y amigos se desviven por dar lo mejor de ellos a cambio de nada y, como si fuera poco, se la pasan mendigando amor, aprecio o cariño de gente que lo único que hace es humillarlos.

El amor y el aprecio deben ser correspondidos y ustedes no pueden forzar nada.

¡Rompan con todo eso!

Desen cuenta de que si bien el corazón de ustedes late con fuerza por estas personas, en el fondo ustedes solo están insistiendo en navegar sobre tierra seca.

Échenle cabeza y comprendan, de una vez por todas, que deben soltar esos remos y bajar de esas barcas.

Son nobles esas buenas intenciones de ofrecer sus mejores esfuerzos por nutrir sus relaciones con los demás, pero ¿acaso se aman a ustedes mismos?

¡Basta ya de apegos o de dependencias absurdas!

¿No se dan cuenta de que a aquellos por los que se desviven no les interesan sus esfuerzos, no los necesitan y solo quieren utilizarlos?

Es duro pensar en ello, pero a veces es mejor enfrentar la realidad. Ustedes y todos en general tenemos que querernos más allá de los factores del entorno o de las personas.

Es importante que tengan un criterio de lo correcto y lo incorrecto en las relaciones sociales, en la empresa, en el amor y en general en la vida profesional, entre otras cosas, para marcar la diferencia entre aquello que no están dispuestos a tolerar.

Cuando los demás pisan la dignidad de ustedes, lo mejor es alejarse y marcar una distancia prudencial. Este proceder les deja claro a los otros que no tienen permiso para seguir aprovechándose.

La vida radica en soltarse, antes que en agarrarse. No entiendo por qué hay tantas mujeres y hombres soportando humillaciones. ¡Reaccionen! Deben aceptar que hay que dejar ir a tanta gente tóxica. Ustedes son dignos de respeto y, por supuesto, se merecen un trato compasivo.

Este texto es un invitación a valorarnos más, a querernos tanto o más de lo que amamos a los demás y, sobre todo, a servirnos una taza de dignidad.

Recordemos que el tiempo suele ser la mejor de las medicinas para todo eso que nos hace daño. Así que soltémonos ya. Rescatemos el amor propio, que no es otra cosa que una mezcla de autoaceptación y autodominio, además de la amabilidad y del respeto hacia nosotros mismos.

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