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Vie Feb 23 2018
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Martes 26 de Diciembre de 2017 - 12:01 AM

Una reflexión nostálgica

La esperanza nunca nos plantea que neguemos la realidad. ¡Todo lo contrario! Ella enseña la importancia de poner los pies sobre la tierra y enfrentar la vida con dignidad. En este tiempo de balances, no se deje llevar por las penurias.

Es tiempo de integración, de familia y de reencuentro. Pero también durante estos días muchos le abrimos un espacio a la nostalgia, esa que es propia de la temporada de fin de año.

Y es que han pasado tantas situaciones difíciles en nuestra vida durante este 2017 que estamos pensativos, nos sentimos tristes, padecemos nuevas ansiedades y nos vemos algo decaídos.

Tal vez afrontamos partidas inesperadas, de pronto perdimos plata con negocios fallidos o se nos alejaron algunos amores, sin contar que dimos uno que otro traspié.

Con este texto no pretendo hacerles una apología a estos momentos duros. Sin embargo, es clave abrir la ventana de nuestras almas para sacar algunas conclusiones sobre los episodios vividos.

Lo primero que debemos entender es que todas las situaciones que nos pasan, ‘buenas o malas’, son bendiciones dadas a nosotros para aprender de ellas.

Es obvio, eso sí, que cada cosa ‘mala’ nos hizo sentir triste y hasta nos arrugó el corazón.

Pero, si lo analizamos bien, eso que nos sucedió creó condiciones propicias para algo distinto que, visto desde otra perspectiva, nos permitió madurar y demostrar de qué material estamos hechos.

Por encima de las adversidades nos corresponde, en todos los casos, darle gracias a Dios por permitirnos continuar.

¿Para qué desgastarnos pensando en lo que pudo ser y no fue?

Lo vivido no se olvida, sobre todo cuando hay secuelas; pero también esas huellas nos permiten aprender lecciones.

Es hora de sanarnos. Perdonémonos y no guardemos rencores.

La vida que nos ha tocado es única y no se nos está permitido transferirla. Así que de nosotros depende sacarle el jugo y hacer de cada momento algo excepcional.

Siempre hay motivos para celebrar porque, -así suene a frase de cajón-, la vida es un regalo y como todo presente debemos aprovecharlo.

Hay que aprender de cada instante, gozárselo en la medida de lo posible y vivirlo como si no hubiera mañana.

Solo creceremos si sabemos mirar hacia el horizonte, si aceptamos que todo pasa ‘para algo’ y, sobre todo, si nos brindamos la oportunidad de levantarnos a pesar de las penurias.

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