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Domingo 31 de Diciembre de 2017 - 12:01 AM

Encender la llama, más allá de los credos

Seamos creyentes o no, todos tenemos la capacidad de enfocar nuestra energía y nuestra conciencia hacia las cosas que queremos para nuestra vida.

El hecho de que alguien sea ateo no quiere decir que no podamos compartir con él.

Conozco a muchos que no siguen ninguna filosofía religiosa y, pese a ello, saben muy bien lo que quieren, tienen carácter y respetan a los demás.

También hay ateos que atraviesan por angustias existenciales. Hace poco me escribió uno de ellos quien, más allá de definirse como un ‘incrédulo’, me decía que no se hallaba a sí mismo.

Ni él, ni usted ni yo estamos exentos de pasar por momentos de incertidumbre.

Y aunque este tipo de episodios es algo relativamente normal, sí es importante prestarle atención.

Cuando esto nos sucede es porque algo nos falta y no comprendemos qué puede ser.

Lo anterior se da porque nos resulta difícil concentrarnos.

Siento que nos dejamos distraer por cosas que creemos vitales y que en realidad no lo son.

Cuando falta comunicación con nosotros mismos empezamos a tener problemas: nuestros asuntos se estancan, la vida no fluye y olvidamos nuestra misión existencial.

Debemos tener claro quiénes somos.

Procuremos revisar qué estamos haciendo mal y analicemos el por qué nos hemos alejado de nuestros verdaderos ideales.

Aprendamos a vernos sin ataduras y no nos autoengañemos.

Cuando logremos desempolvar muchas cosas que no nos gustan, tendremos la posibilidad de comenzar a hacer una vida nueva.

En cuanto a la fe, seamos ateos o religiosos, es indispensable cultivar la capacidad de enfocar nuestra energía y conciencia.

Debemos trabajar diariamente por nuestras metas, pero de la manera más sana y honesta posible.

Alejémonos de las presiones o del estrés, entre otras cosas, porque así podremos espantar esas energías negativas.

Por encima de los fracasos, recuperemos la confianza y cultivemos nuestra propia fe.

Así que no temamos a los tropiezos porque, si tenemos una fe fortalecida, siempre tendremos un alma inquebrantable.

No podemos perder nunca nuestro entusiasmo ni el carácter, porque son los que nos hacen únicos. Nos corresponde mirar hacia el frente y no desfallecer.

¡Mucho ánimo y esperanza para este 2018 que se acerca!

Las DOCE CAMPANADAS de hoy

1 Agradezca por lo pasado; más por lo que aprendió, que por lo que perdió.

2 Viva el presente con esperanzas y creatividad.

3 Dígales “sí” a las nuevas experiencias.

4 Confíe, Dios siempre le encomienda cosas grandes.

5 Valore lo pequeño y así llegará a lo grande.

6 Mire la vida con sencillez y amor. La esencia puede más que la apariencia.

7 Mantenga el buen humor, pase lo que pase.

8 Perdone y pida perdón. ¡Adiós a los rencores!

9 Haga algo por el otro, sin dejar de pensar en usted.

10 Esté atento, pues Dios le habla cada día y en medio de su cotidianidad.

11 No tema expresar sus sentimientos.

12 Ame la vida, es el tesoro más grande que tiene.

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