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Domingo 07 de Enero de 2018 - 12:01 AM

Celebre los motivos que tiene para sonreír

Hay que aprovechar los ratos buenos, y si fueron malos es mejor dejarlos atrás. Le propongo que escriba en una hoja los motivos que hoy tiene para vivir.

A un gran amigo le gusta sonreír a toda hora. Y, de manera paradójica, sus carcajadas son más fuertes cuando su mundo interior está triste porque, según argumenta, “cuando la gente lo ve a él alegre, las sonrisas se multiplican y ellas lo contagian al punto de que le permiten apaciguar cualquier angustia, por más dura que ella sea”.

Él tiene claro que es mejor dejarse invadir por la alegría que ahogarse en las olas de la tristeza.

¿Para qué atormentarse?, suele preguntarle a quien está cabizbajo.

Yo, un poco incrédulo de esta tesis, un día le pregunté si esa forma de ser no era otra cosa que una apariencia, que solo pretendía tapar el sol con las manos. Al fin y al cabo “la procesión siempre irá por dentro”.

Fue entonces cuando me respondió que le resultaba difícil creer que solo venimos a este mundo a sufrir y que si bien la vida no es perfecta, “cada quien puede elegir cómo sacarle el jugo a esa imperfección”.

Me aclaró, eso sí, que jamás negaba la tristeza ni que tampoco la veía como algo que llegara a su vida a arruinar su estado de ánimo. Me explicó que visualizaba el abatimiento como una oportunidad para hacer una introspección y que, gracias a ello, tenía la capacidad de conectarse con cuestiones más profundas y entender que necesita disfrutar más de la vida para evolucionar, para transformarse y para ser más seguro de sí mismo.

Y añadió que de eso se trata la vida: “De encontrar la tranquilidad y el amor en cada día, más allá de lo difícil que nos resulten ciertas situaciones”.

“Es algo así como llevarla suave”, me recalcó. Comprendí que la gente más feliz no es la que menos problemas tiene, sino la que se sobrepone a ellos con una cara amable.

Así las cosas, podemos consolar nuestros corazones echando lejos de nosotros la tristeza, ya que permanecer en ella no tiene mucho sentido.

¡Creo que él tiene razón!

Todos los que hemos padecido momentos de tristeza, experimentamos largos ratos de un absurdo desánimo que nos lleva a la resignación y, en ocasiones, a asumir el rol de víctimas.

Además nuestras mentes, nuestros sueños y nuestros proyectos quedan como adormecidos y refundidos en nuestras propias desdichas.

Y las penas suelen ser tan grandes que, en ocasiones, nos arrojan a la depresión y al fastidio por la vida misma.

La tristeza no es fácil de olvidar y sé que con un solo pensamiento positivo no basta para derrotarla. Pero si sabemos que estar abatidos nos resta fuerzas, no debemos permitir que el desaliento nos gane más terreno ni mucho menos debemos dejarnos arrastrar.

Si estamos sufriendo, estaremos peor si no vemos las cosas con una buena dosis de entusiasmo.

Además, cada momento duro que nos toque asumir en la vida nos obligará a sacar lo mejor de nosotros mismos y a demostrarnos de qué ‘pasta’ estamos hechos.

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