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Domingo 14 de Enero de 2018 - 12:01 AM

El entorno en el que solemos reflejarnos

Casi sin notarlo, nuestra vida es un reflejo del entorno en el que nos encontramos.

Las mamás de antes, conscientes de los peligros que solían encontrar sus hijos en los que ellas definían como ‘lugares de mala muerte’, les recomendaban no frecuentar espacios que promovieran el desorden. Los bares, las tabernas y la calle misma, por citar solo esos ejemplos, eran como los ‘imanes’ que atraían muchos vicios.

Ellas no necesitaron aprender de sicología para saber que ‘afuera’ sus hijos podían contagiarse.

Sin ser tan literal como nuestras madres lo aseguraban, yo diría que ellas siempre tuvieron razón en sus continuas prevenciones.

Soy de los que creo que cada cosa que está alrededor de nosotros es un espejo en donde, de alguna forma, apuntamos la mirada y en el que terminamos reflejándonos.

Por eso, casi sin notarlo, el entorno en el que vivimos ejerce una influencia enorme, tanto en nuestra forma de actuar como en la forma de vernos.

Pero el asunto no es solo de la calle. Nuestra casa o nuestro cuarto ejercen una influencia enorme, al punto de que nos dan energía o nos la quitan. Sin darles mucho crédito a temas esotéricos, las corrientes más densas y pesadas se acumulan en los rincones de nuestros hogares y ellas nos afectan de manera considerable.

Si el día amanece gris, por citar otro ejemplo básico, la nostalgia suele apoderarse de nosotros.

El entorno también incluye a las personas con las que nos juntamos: “Dime con quién anda y le diré quién es usted”, reza por ahí el adagio.

Todas estas influencias se dan, entre otras cosas, porque nuestra mente es el refugio de los pensamientos y ellos terminan convirtiéndonos en fotocopias de los demás.

Así las cosas, si lo que nos rodea es envidia, rencor, competencia desleal o traición terminamos infestados de estas emociones negativas. En cambio, si el ambiente que nos enmarca es sinónimo de alegría, lealtad y respeto, eso mismo cultivaremos. Los entornos en los que nos mantenemos al final son aliados o enemigos.

Por eso es fundamental no dejarse contaminar y, sobre todo, procurar mantener limpio nuestro alrededor.

Ahora bien, tener el alma ordenada no implica asumir una idea patológica de lo que es la limpieza, ni ser excluyentes. Lo digo porque, a veces, juzgamos lo de afuera cuando por dentro estamos peor.

El tema también les vendría bien a los criticones. Muchos de ellos deberían aprender que sus comentarios tendenciosos, en el fondo, terminan siendo unas críticas de ellos mismos.

La idea es poner los pies sobre la tierra, limpiar la mente y el corazón y fijarse en dónde estamos parados para no dejarnos irradiar de tanta mala vibra que ronda en ciertos escenarios en los que estamos.

Dicho de otra forma: Saber modificar un contexto nocivo es una buena opción para vivir mejor.

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