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Jueves 18 de Enero de 2018 - 12:01 AM

La bendición

La bendición de nuestros padres significa que ellos imparten sus buenos deseos sobre nosotros y, de paso, le solicitan a Dios que nos proteja.

Cuando un padre le concede la bendición a su hijo le está solicitando a Dios que le otorgue el rocío del cielo y le permita acceder a lo más preciado de la tierra.

Es decir, el papá invoca la energía divina para protegerlo y para que, con la Venia del Señor, todos sus sueños se cumplan.

Nuestros ancestros nos recordaban la importancia de bendecir los alimentos, el trabajo, el hogar y, en general, las personas que nos rodeaban porque -según decían- esa es una expresión de gran poder que agrada al espíritu.

De manera desafortunada, los jóvenes de hoy han perdido esta tradición. No es culpa de ellos, pues como padres hemos ido olvidando inculcarles este sano hábito.

Si bien ese acto tiene un antecedente religioso, pedir la bendición de alguna forma evidencia un respeto a nuestros familiares.

No se trata solo de los deseos de estar bien, sino de un reflejo de amor, de solidaridad y de fe.

Pedir la bendición implica el reconocimiento de la honra que merecen nuestros padres; sin contar que ella invoca la salud, la prosperidad y la abundancia. Además, nos ganamos el derecho de alcanzar la gloria en todas las áreas de la vida.

Ese pequeño gesto, que no es otra cosa que aceptar los buenos deseos de quienes nos aman, debe cultivarse no solo como un trámite o como una acción automática, sino como una herramienta espiritual que nos permitirá mantener la fe y la esperanza vivas.

Debemos abrirnos a la bendición, abrazarla y sentirla en nuestro corazón.

No importa si ya no es un niño, si está casado o no; siempre que sus padres estén vivos le sugiero que les invoque sus bendiciones cada vez que los vea o que se despida de ellos.

Hágalo y sentirá un alivio, además de que con el aval paternal siempre tendrá una especie de armadura que le ayudará a enfrentar el día a día.

Siempre será bueno pedirle al Señor, a través de papá y mamá, que haga de nuestro hogar su lugar.

La Venia del Altísimo lo cobijará y lo librará de los peligros de hoy y, de paso, le permitirá mantener vivos todos sus sueños.

¿Cómo pedir la Bendición de Dios?

Antes de pedir que todo se le solucione en un abrir y cerrar de ojos, no piense en el problema como algo que no tiene salidas. Todo lo contrario, vea desde el corazón que las cosas se pueden resolver.

Invoque sabiduría e inteligencia para afrontar las situaciones difíciles por las que atraviese. Lo insto a pronunciar la siguiente oración:

Dios mío: Le pido que cada día me llene más de su fe, de su espíritu y de su misericordia. Deme sabiduría para afrontar mis retos y mi cotidianidad y no me desampare nunca, sobre todo cuando deba sobreponerme a cualquier adversidad. Amén

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