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Jueves 25 de Enero de 2018 - 12:01 AM

Una reflexión revitalizadora

La salud y el espíritu van por el mismo lado. La buena vibra sirve de nutriente y el optimismo puede ser el sostén de nuestro ánimo. Nos hemos preocupado tanto por lo que está afuera, que nos olvidamos de la dimensión interna de nuestro ser.

Dicen que las nueve décimas partes de nuestra felicidad se fundamentan en la salud. Pero también hemos de saber que sentirse bien es un asunto de confianza. ¡Y todo está en la cabeza!

En la actualidad los expertos en medicina validan cada vez más los beneficios de la utilización de la mente positiva en los tratamientos o terapias para sus pacientes. En algunos casos ellos eliminan las pastillas o las propias cirugías a cambio de estrategias más esperanzadoras.

Ellos dicen que aplicando sencillas técnicas, reveladas por los investigadores para usar el poder mental, se pueden obtener resultados satisfactorios para mejorar la visión ocular, regular el dolor y el peso corporal, controlar el estrés, superar la adicción al alcohol y las drogas, combatir los episodios de ansiedad, reducir la presión sanguínea y hasta frenar el proceso de envejecimiento.

Muchos enfermos terminales, en lugar de ‘echarse a morir’ como se dice de manera popular, asumen que aún tiene mucho por aprovechar en esta vida y deciden enfrentar sus males, no solo con dignidad, sino con confianza en su poder sanador.

En los hospitales hay docenas de testimonios de experiencias con personas moribundas. Son cuadros que duelen, pero también son situaciones inmensamente enriquecedoras.

Y es que alguien al que le diagnostican una terrible enfermedad no está preguntado por cómo están las acciones de la bolsa, ni averigua por los carros último modelo o el chisme del día; ese enfermo habla de fe, de cariño, de vida y de amor.

Yo sé que estará pensando que suena fácil hablar de salud cuando a uno ‘no le duele ni una muela’.

Pero, a decir verdad, todo empieza en la mente. Nuestro ser interior está en capacidad de plasmar realidades halagüeñas y de generar progreso en todos los órdenes y campos existenciales; incluyendo nuestro estado físico. Esta es la razón por la que es importante pensar en situaciones alentadoras, entre otras cosas, para que de esta manera mejore nuestra condición y tal actitud contribuya a la paz interior y exterior.

Nuestro espíritu es creativo y además es capaz de orientarnos y de guiarnos en nuestros propósitos de realización espiritual, asegurando de paso nuestro éxito personal y nuestro bienestar material.

Si supiéramos aprovechar al máximo ese enorme poder creativo que posemos y si lo aplicáramos más hacia las cosas benéficas que hacia el pesimismo, seguramente usted y yo podríamos vanagloriarnos de mejores cosas de las que tenemos hoy.

Si no pensamos correctamente difícilmente podremos encontrarle sentido a la vida, pues aparecerán la insatisfacción, el error, la desesperación, la depresión y- léase bien- las enfermedades.

Los invito a ver la vida de una manera más constructiva, entre otras cosas, para mejorar el semblante y encontrar con más serenidad la salida a los problemas; no solo los de salud, sino también los emocionales y hasta los económicos.

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