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Martes 30 de Enero de 2018 - 12:01 AM

No vivamos llenos de resentimientos

Los resentimientos son venenos e intoxican el alma. Con ellos desperdiciamos mucha energía, pues al llenarnos de tanta negatividad terminamos arruinando nuestra tranquilidad.

Duelen demasiado y nos incomodan de manera extrema. Son las más crueles emociones negativas. Lo más grave es que logran alterar nuestra atención, modifican nuestra conducta y, en algunas ocasiones, nos hacen actuar de manera inmadura.

Lo peor es que no se van tan pronto como desearíamos. Son como esas astillas en el dedo, las cuales intentamos hurgar y al final terminan hiriéndonos más.

Hablo de los resentimientos.

Son esos sentimiento persistente de disgusto o enfado hacia alguien a quien consideramos responsable de ofensas o daños sufridos.

Todos ellos se manifiestan en palabras hirientes, actos hostiles y, en algunas ocasiones, terminan en tragedias.

Muchos sentimos en el corazón esos rencores que nos arruinan el estado de ánimo, nos echan por tierra el día y menoscaban el alma.

Esas espinas o resentimientos suelen ser emocionales, sentimentales, profesionales y familiares. Hay otros rencores, unos que yo tildo de ‘absurdos’ porque nos los inventamos. Estos últimos son muy frecuentes en las personas celosas.

Muchas veces estamos tan ciegos que nuestra imaginación alimenta y nutre situaciones internas u odios que perpetúan esos sentimientos de ira.

Hay que extirpar esos rencores, pero sin agredirles más veneno. Mejor dicho, no podemos insistir en vengarnos.

¿Por qué?

Porque al intentar sacarnos la espina, como se dice popularmente, la hundiremos más y lo único que lograremos será ver ese rencor más incrustado en el corazón.

Los resentimientos pueden ser difíciles de sacar, pero si insistimos en hacerlo con las ‘pinzas de la venganza’ terminaremos más apesadumbrados.

Además, si multiplicamos los rencores, arruinamos nuestra tranquilidad y, al mismo tiempo, afectamos nuestra salud, bienestar y felicidad.

La verdad es que nuestra vida, como una rosa, tiene espinas y no por ello deja de ser hermosa.

Los resentimientos existen y tenemos que encontrar la mejor fórmula para sacarlos, sin lastimarnos más ni mucho menos ofender a los demás.

¿Cómo hacerlo?

Lo primero que debemos hacer es dejar de focalizarnos en lo que nos pasó. Ello implica continuar con nuestra propia vida, aprendiendo la lección que nos corresponda en cada caso.

Y el perdón suele ser la mejor medicina. Cuando hemos perdonado desaparecen los culpables y, por ende, se desvanecen los rencores y las amarguras; es decir, no hay odios en medio.

Yo sé que cuando alguien nos hace daño sufrimos. Incluso que es probable que nos quedemos con “la espinita”. No obstante, quiero decirles que solo nos sanaremos hasta tanto hayamos perdonado.

¿Por qué este planteamiento?

Porque los rencores a los únicos que destruyen es a nosotros mismos.

No sigamos sumergiéndonos en ese mar de odios y rabias. Nuestra vida es demasiado valiosa como para arruinarla de esa forma. Aprendamos a estar bien con nosotros mismos, a querernos y también a conocernos.

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