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Martes 06 de Febrero de 2018 - 12:01 AM

La fea costumbre de hablar mal de los demás

Dicen que “la gente feliz no habla mal de los demás”. Mucho cuidado, porque si nos ponemos de ‘bocones’, nos podríamos poner en evidencia. Y si, por el contrario, somos víctimas de los criticones, debemos aprender a lidiar con todo aquel que hable a nuestras espaldas y, además, evitar que sus chismes nos afecten.
ARCHIVO/VANGUARDIALIBERAL
La fea costumbre de hablar mal de los demás
(Foto: ARCHIVO/VANGUARDIALIBERAL)

Se ha vuelto ‘moda’ hablar mal de los demás. Lo hacen los candidatos políticos, sus contrincantes, los chismosos, los criticones y los amargados, en fin...

Ni hablar de los envidiosos, quienes ostentan una ‘maestría’ en esa peligrosa profesión de ver solo lo malo.

De manera desafortunada, las redes virtuales se han ido convirtiendo en los ‘mejores’ canales para este tipo de prácticas.

Lo peor es que eso de lo que tanto hablan, en un 99 % no tiene fundamento alguno. Cada palabra malintencionada que se pronuncia, en el marco de esta especie de publicidad negra, lleva consigo una pobreza emocional de parte de quien la emite.

Todos los argumentos que se esgrimen suelen utilizarse para difamar, avergonzar o tergiversar la naturaleza real de nosotros.

Cada crítica​ destructiva que se hace se basa en la buena fe de quienes la escuchan, para causarnos algún tipo de daño.

¿Conoce a gente así?

Vivimos rodeados de personas que se dedican, de manera exclusiva, a desprestigiarnos, a juzgarnos y a humillarnos. Incluso se atreven a descalificarnos.

Todos esos comentarios desalentadores hacen parte de una ‘epidemia’ que, como es apenas obvio, atenta contra la buena honra de las personas.

Es preciso no hacer eco de toda esa basura que oímos, vemos o leemos por ahí.

Los promotores de estos desprestigios, además de ser altamente nocivos para el entusiasmo, tienen la habilidad de multiplicar lo negativo, disparando la desconfianza que transmiten de manera absurda.

Y debemos tener mucho cuidado con alguien que se la pasa hablando mal de los demás. No solo le quita tiempo con sus necedades sino que, con absoluta seguridad, también hablará mal de usted.

¿Qué hacer ante esto?

Un buen consejo radica en no dejarse quitar su energía, ni el matiz de su rostro por este tipo de comentarios. Es mejor hacerse a un lado y dedicarse a invertir su tiempo en actividades que le brindan más paz y tranquilidad emocional.

Y pese a la estrategia de mostrarse indiferente ante cualquier lluvia de malas intenciones, algunos aseguran que la mejor forma de contrarrestar a estas personas es dando un buen ejemplo y actuando de manera honesta.

Eso no implica que no deba defenderse con decoro de los insultos que le hagan, sin avivar los ánimos o las pasiones.

Enfrentar a la gente tóxica, sobre todo cuando sentimos que esas habladurías dejan en tela de juicio nuestra dignidad, es algo engorroso. De todas formas, si nuestra conciencia está tranquila, nada malo nos pasará.

Si bien no somos perfectos, no hay nada ni nadie que lo sea en esta dimensión.

Así las cosas, es evidente que los que se enfocan en señalar mal a los demás, en lugar de quedar bien, se ponen en evidencia y reflejan la vileza de sus actos.

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