Domingo 18 de Febrero de 2018 - 12:01 AM

El poder de la serenidad

Cuando esté exasperado por los problemas, recuerde que el poder de la serenidad está siempre en su interior y que él sale a flote sintonizándose con usted mismo. ¡No se preocupe demasiado! Sobre el camino se arreglan las cargas.

Dicen que la Luna y el Sol presencian de frente todas las tribulaciones del planeta y aún así mantienen una serenidad sorprendente. Estos astros no se salen de sus casillas y, en medio de todo lo que ven, nos irradian con sus luces.

Este mensaje va para aquellos que no logran calmarse cuando algo los atormenta.

¿Es usted de los que se la pasa dándoles vueltas a sus problemas sin encontrar solución alguna?

¡Mucho cuidado!

Lo digo porque su mente se complica tanto, que se convence erradamente de que ‘todo va a empeorar’.

Si siempre imagina cosas ‘malas’ y se las cree, se estresa más y de paso afecta a las personas con las que convive. Lo anterior sin contar que se deprimirá, verá todo más enredado y se llenará de nuevas ansiedades.

Lo peor es que la impaciencia es como una bola de nieve que, sin siquiera darse cuenta, crece cada vez más y hace que tome decisiones imprudentes.

¡Pilas! Una gota de calma es importante.

Sin irse al extremo de no importarle lo que le pasa, deje de mantener su atención centrada en esas dificultades.

Respire profundo y piense en medio de ese ejercicio que será capaz de encontrar una salida adecuada.

Es bueno que analice y piense en soluciones y también debe evaluar esas salidas para ponerlas en marcha. De ahí en adelante, relájese.

Si ya hizo todos los esfuerzos que podía hacer, ¿Qué saca con atormentarse?

Haga lo que pueda, pero no siga removiendo esta tierra que acaba de arar.

En vez de angustiarse con sus problemas, déjelos en las manos misericordiosas y poderosas de Dios.

Además invóquele al Creador que hoy tenga paz.

Confíe en que el Señor lo tiene exactamente en donde tiene que estar. Jamás olvide que las posibilidades nacen de la fe y que saber esperar también es un arte que le trae bendiciones.

Deje que el espíritu bondadoso del Señor impregne su vida y dese la oportunidad de estar sereno.

También debe tener claro que hay cosas que no dependen de usted y, por ende, le corresponde dejar que la acción divina haga efecto.

Si llegó a esta parte de la página, dedique unos minutos de tranquilidad para ‘sintonizarse’ con usted mismo. Acepte la buena noticia de que cada día tiene su propio afán, y que así existan cosas negativas usted es capaz de sacar el máximo partido de todo lo que la vida le ha regalado.

Ahora bien, le sugiero elevar al cielo la siguiente plegaria:

Señor: Permítame vivir serenamente este día. Abra mi visión a pensamientos positivos y saque de mí todo lo que inquieta mi alma.

Ayúdeme a aceptar las cosas tal y como ellas son, a cumplir con mis tareas diarias, a no afanar a los demás y a entender que en sus manos todo será más fácil.

Amén.

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