Domingo 06 de Mayo de 2018 - 12:01 AM

Prohibido amargarse

El mundo nos ofrece enormes posibilidades para ser felices. Nuestros proyectos, ilusiones y anhelos son demasiado valiosos como para llenarnos de ‘malas energías’.

¿Por qué será que vemos a tanta gente con ‘cara de tote’?

Hablo de aquellos que se dejan infectar por el ‘virus del aburrimiento’ y que en lugar de hablar, regañan.

No estoy hablando del carácter, sino de la amargura que se ha anidado en tantas almas.

Lo malo es que quienes alimentan esa forma de ser, además de ver todo gris, nunca saborean una gota de felicidad.

De manera desafortunada, el tener que lidiar con estas personas nos estresa y nos arruina el día. Lo anterior sin contar que ellas despliegan desánimo y terminan contagiándonos.

Pienso que a cada cosa que hagamos o a cada situación que nos toque afrontar, se le puede ver el lado amable.

Y la receta para lograr esta forma de apreciar la vida debe incluir ingredientes claves, tales como: la buena fe, las ganas de vivir, un estilo relajado y, por supuesto, el invaluable toque secreto del amor.

Con unas cuantas porciones de estas dosis, se puede neutralizar cualquier brote de amargura.

Todos estos ingredientes pueden ir de la mano del equilibrio que cada quien les imprima a sus acciones.

La verdad es que antídotos para los momentos difíciles hay muchos, tantos como las mismas etapas y situaciones que debemos afrontar a lo largo de nuestra vida.

La clave de nuestra ‘pócima espiritual’ de hoy está en esa sazón que alcancemos a imprimirle al almíbar de la existencia.

Tal vez nos falta comprensión, ternura y en general una rima de poesía para los sentidos.

También es preciso reír. Que se sepa, no hay ningún tipo de veneno en una agradable sonrisa. Incluso, un buen momento de risa activa la circulación de la sangre.

¿Tiene sed de alegría?

Tal vez usted ha tratado de saciar esa sed de manera errada y por eso vive frustrado.

Es probable que esté sumergido en el trabajo o que se deje llevar por las preocupaciones del ‘día a día’.

Yo creo que para desterrar cualquier brote de amargura es preciso un gesto de ‘buena vibra’.

A su alcance está todo un río de agua dulce, profundo e inagotable, que brota en medio de las turbulentas aguas de este mundo. ¡Solo tiene que aprovecharlo!

Lo que pasa es que muchas veces usted y yo no somos lo suficientemente decididos para dar el paso de recoger esa agua dulce y, por eso, no disfrutamos de las maravillosas sorpresas que Dios nos regala.

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