Domingo 27 de Mayo de 2018 - 12:01 AM

Estética del alma

La moda nos enseña a reconocer la belleza física, pero no nos deja ver el hermoso reflejo del alma. La estética se detecta a simple vista; en cambio, muchos no logran ver qué hay más allá.

Para conseguir unos labios atractivos, diga palabras de ternura; para moldear una silueta esbelta, haga el ejercicio de ser un mejor ser humano; para no pasarse de esos kilos de más, aprenda a compartir su comida con los que pasan hambre; y para trascender en la vida, dedíquese a servir sin esperar nada a cambio.

Ni la belleza ni la buena vibra de alguien están en los rasgos de su cara; tampoco se aprecian en el poder económico que tenga; su verdadera belleza se refleja en el alma.

¿Qué estoy tratando de decir?

Que debemos buscar lo que hay de bueno en la gente y, sobre todo, dar sanos ejemplos a los demás.

Ser bello no se remite solo a lo físico. No entiendo por qué cada vez hay más personas que gastan considerables sumas de dinero en la lucha contra la realidad de sus cuerpos.

Si bien la estética ayuda al entorno, no existe una persona más hermosa que aquella que se puede observar con los ojos del corazón.

¡Y cuando se tiene corazón, se tiene todo!

Los mejores latidos de esa belleza interna se pueden apreciar a través de los pensamientos positivos, de la nobleza, de la sencillez, de la bondad y de la sinceridad.

Un hombre grande es aquel que nunca se deja abatir, que no juzga y que sabe dar una mano a quien realmente necesita de su ayuda.

La vida es un reflejo de nuestras acciones y tal imagen dependerá de lo que irradiemos desde el interior: Si deseamos más amor en el mundo, debemos ofrecer amor; y si deseamos felicidad, tenemos que hacer felices a los demás.

No nos dejemos contagiar por los ‘cambios extremos’, esos que nos hacen perder nuestra identidad.

Tampoco nos dejemos vislumbrar por esas estrellas que buscan figurar en la pantalla y en la cultura de la farándula; varias de esas personas en el fondo están muy vacías con sus vidas ficticias.

Una cosa es cuidar la salud, la dieta y el cuerpo, que es un deber; y otra muy distinta es caer presos de la vanidad.

Deje huella en su vida sirviendo con amor. ¡Lo físico al fin y al cabo es pasajero! Si no lo cree, visite de vez en cuando uno de los tantos asilos que hay en la ciudad.

A usted no lo recordarán por su belleza física, sino por el calor y el cariño con que trataba a los demás. Esos rasgos de calidad humana impactan más que los desfiles de modas.

Sí es necesario que cuide su cuerpo, también que vaya al gimnasio y que tenga disciplina en los ejercicios.

¡Ni más faltaba!

Sin embargo, no permita que eso lo aleje de la mejor imagen que usted debe reflejar: ¡La de ser un gran ser humano!

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