Martes 29 de Mayo de 2018 - 12:01 AM

No nos dejemos llevar por las emociones negativas

Casi siempre permitimos que nuestras emociones sean la que nos guíen y, con relativa frecuencia, también son las exaltaciones negativas las que nos mandan. La invitación de hoy es a no permitir que sean ellas las que nos controlen.

Las emociones, tanto las positivas como las que tildan de negativas, nos dan pistas acerca de lo que estamos experimentando en determinado momento.

Cuando experimentamos el amor, la esperanza y la alegría nuestro cuerpo se fortalece, nuestra mente se aclara y nuestra alma se expande.

Si son la ira y el temor, por mencionar algunas de las emociones negativas, ellas tienen un efecto opuesto sobre nuestra personalidad y bloquean nuestra capacidad de comunicación con las cosas de la espiritualidad.

Por algo nos recomiendan ‘contar hasta diez’ y no prometer nada cuando estemos enojados.

Es algo así como no decidir nada durante los episodios de tristeza, de rabia o de frustración.

Mejor dicho: es fundamental no estar jamás a la merced del influjo cambiante y siempre caprichoso de nuestras emociones. Menciono este tema porque muchas veces nos dejamos llevar por ellas y, en ese orden de ideas, solemos actuar por impulsos.

Si sentimientos extraños amenazan con sobrecogernos debemos autocontrolarnos y hacerles un manejo correcto.

Cuántos de nosotros nos hemos dejado contagiar por los venenos emocionales de la ira, del desánimo, de la envidia, del odio, de los celos y del orgullo, contaminando de paso nuestra cotidianidad. En algunas ocasiones, hasta lastimamos a las personas que nos rodean.

Hay que ser maduros y no dejar que sean las emociones negativas las que marquen el rumbo de nuestras actividades. Si nos controlamos, a pesar de las tristezas que nos embadurnen podremos tener opciones esperanzadoras.

No estoy diciendo que nos neguemos a las emociones. ¡Ni más faltaba! Cómo no dejar que aparezcan las lágrimas en ciertos momentos, pues ellas son las voces de eso sublime que duerme dentro de nuestras almas.

Lo que pretendo decir es que las emociones deben ser dirigidas de acuerdo con propósitos más elevados. Es decir, si detectamos que nuestras emociones van a la deriva en una dirección destructiva, mediante el manejo inteligente y acertado de nuestra voluntad podemos dosificar sus efectos.

Si intencionalmente sabemos usar nuestra voluntad en una forma acertada, vigorosa e inteligente, podemos ‘timonear’ nuestros impulsos emocionales naturales para progresar humanamente hablando y para lograr un máximo desarrollo espiritual.

Hay técnicas, como la meditación y la relajación, que nos enseñan a dejar fluir los pensamientos, dando paso a otros para que los impulsos energéticos positivos nutran nuestras vidas.

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