Domingo 03 de Junio de 2018 - 12:01 AM

Tememos por cosas que ni siquiera pasarán

¿Sabe qué significa la palabra ‘preocuparse’? De manera literal, es ocuparse antes de tiempo. Si entendiéramos que ‘cada día trae su propio afán’, no arruinaríamos nuestro presente temiendo cosas que nunca nos ocurrirán.

De manera errada, solemos prepararnos para cosas que nunca viviremos. Nos anticipamos a hechos que, en más de una ocasión, solo están en nuestras mentes.

Como si fuera poco, el estrés, las angustias que nos agobian a cada rato y el mismo acelere de nuestra vida no nos permiten vivir en paz.

Y como le tememos a todo, jamás nos atrevemos a ser libres.

Perdone que reitere en el asunto, pero casi todos nos la pasamos temiendo situaciones que no van a ocurrir o que se nos presentarán de formas distintas a como las estamos esperando.

Es como si nos matriculáramos en una carrera para vivir en un tiempo inexistente, en donde solo acumulamos preocupaciones absurdas.

¿A qué viene todo esto?

A que estamos atrapados en nuestras falsas ideas de la vida.

Acumulamos deseos, ahorramos dinero e incluso nos llenamos de ansiedades sin prever que nada de eso necesitaremos para el mañana.

Lo peor es que, a pesar de que atesoramos todo eso, en el fondo estamos vacíos.

Es preciso despojarnos de tantas ‘taras’ y poner los pies sobre la tierra. Es fundamental decidirnos a vivir de una vez por todas.

Y para lograr eso no hay que hacer cosas extraordinarias, solo basta con encontrarle sentido a nuestra vida.

¿Cómo hacerlo?

Debemos identificar qué es lo más importante para nosotros y trabajar en esos aspectos.

Es fundamental que eliminemos todo lo que no nos sirva. Eso será clave para no perder más el tiempo.

En ese orden de ideas, una buena estrategia consistirá en alejarnos del ayer; es decir, no quedarnos anquilosados en ‘lo que fue’ o en ‘lo que no pudo ser’.

No hay nada a qué volver.

Es clave poner punto final y pasar la página.

Si insistimos en vivir en el ayer, tarde o temprano nos daremos cuenta de que ni siquiera seremos los mismos, ni el entorno al que regresemos será igual.

En la vida nada se queda quieto, nada es estático.

Por salud mental y por amor a nosotros mismos, debemos desprendernos de lo que ya es pasado en nuestras vidas.

¡Es mejor sacarle jugo al momento actual!

Recordemos que nada ni nadie es indispensable: ni una persona, ni un lugar, ni un trabajo; nada de eso es vital para vivir.

La clave está en el amor con el que hagamos las cosas.

Podemos ser el lustrabotas más pobre o el mensajero más humilde de la empresa, pero si lustramos el calzado con cariño o hacemos las vueltas con entusiasmo, creceremos poco a poco en medio de nuestra cotidianidad.

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