Domingo 17 de Junio de 2018 - 12:01 AM

Cada quien escribe su propio destino

De manera desafortunada, muchas personas creen en las charlatanerías de los que aseguran ‘predecir el futuro’. Piensan que pueden ver en ellos el ‘rayo espiritual’ que anhelan y hasta se atreven a pagarles costosas consultas a estos avivatos.

Siempre me he preguntado por qué tanta gente consulta el horóscopo, sobre todo sabiendo que el futuro no se puede predecir.

Me parece ilógico que se pueda asumir que, leyendo unos breves párrafos, alguien sabrá con anticipación todo lo que le deparará el mañana.

Aquellos que aseguran que pueden descifrar el destino a través de bolas de cristal, velas, naipes, tabacos y hasta tazas de chocolate, no son otra cosa que avivatos.

Esos sujetos utilizan los más diversos artificios para aprovecharse de la gente. Sus argucias son diseñadas, de manera precisa, para manipular la buena fe de la comunidad.

Cada una de sus predicciones solo tienen un fin real: le quieren meter la mano a su bolsillo con consultas carísimas.

Valdría esta reflexión: Si uno supiera de antemano el libreto de la vida, el mañana perdería la chispa.

¿No les parece?

No creo que nuestro destino esté escrito, ni mucho menos que otras personas, que ni siquiera nos conocen, puedan contárnoslo.

Las explicaciones de lo que nos pasa o de lo que vendrá para nuestra vida están en cada corazón. No tenemos qué preguntarles nada a los ‘brujos de pacotilla’.

Lo que nos sucederá mañana fluirá por la acción del amor, de la esperanza, del trabajo y de la fe. La vida siempre tendrá facetas interesantes y, por ende, nos deparará algo más que presagios.

No podemos quedarnos esperando que alguien nos diga qué será de nuestro futuro; no solo porque no se puede predecir el mañana, sino porque cada quien debe crear su propio mundo.

¡Cualquier cosa puede pasar!

Sin embargo, de nosotros depende tornar la balanza hacia un lado u otro.

En ese sentido, sí tenemos poder para moldear el porvenir a nuestra imagen y semejanza.

El espíritu mueve la materia, no es el azar; tampoco las profecías de los ‘mercaderes del destino’ son ciertas.

No creamos en bobadas porque la superstición es la religión de los espíritus más débiles.

No podemos depositar nuestra confianza en falsas indagaciones, las cuales son inútiles e insensatas.

Si bien debemos enfrentar las dificultades de la vida, no podemos seguir experimentando la fragilidad de nuestra fe y sintiendo la necesidad de preguntarles a otros lo que está en nuestro corazón.

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