Martes 26 de Junio de 2018 - 12:01 AM

La hipocresía nos contamina

Es fastidioso encontrarse con ese individuo que se la pasa hablando mal de una persona y que cuando la ve, frente a frente, la saluda y le da una abrazo ‘cálido’.

Cada día que pasa vemos cómo la hipocresía caracteriza a quienes nos rodean. Muchos de los que se comportan así se esconden tras la hierba para atacar a los demás, como si fueran unas serpientes.

Cuántos politiqueros hay por ahí mostrando una falsa imagen de pulcritud, hablando del bien común, del servicio a los demás o de la rectitud y, por debajo de la mesa, roban, mienten e implementan medidas que terminan lesionando a la gente.

Y este proceder no es solo un rasgo de quienes se hacen elegir a punta de mentiras. También vivimos rodeados de familiares, ‘amigos’ o compañeros de trabajo hipócritas. El tema es tan grave que, a decir verdad, ni siquiera solemos ser honestos con nosotros mismos.

Los hipócritas tienen en la adulación a su mejor máscara y con ella enmascaran sus sucias intenciones.

Nunca he entendido esa fea actitud de fingir determinadas posturas, ideas o cualidades que son contrarias a las que en realidad se sienten, se piensan o se tienen.

Y no comprendo este comportamiento porque, tarde o temprano, las cosas vuelven a su punto; es decir, a su esencia y a su naturaleza.

La hipocresía desnuda a quien la profesa. La misma realidad termina obligándolo a quitarse su falsa sonrisa y lo envía a enfrentar su miseria.

El texto de hoy es una sana invitación a ser franco en sus opiniones. La idea de ser abierto y sincero, sobre todo, con los amigos, enriquece el espíritu y hace que nos entendamos mejor. Nunca trate de demostrarles a los demás lo que usted no es.

Para ganar adeptos, un mejor cargo en la empresa, una novia o incluso un poco más de dinero, no es necesario ‘disfrazar’ valores personales.

Las únicas expectativas a las que una persona debe obedecer son a las suyas propias. No es preciso aparentar lo que no se es.

Hay que precisar, eso sí, que ser transparente no significa ser rígido, ni mucho menos agresivo. No se trata de herir a las personas; es solo cuestión de mantener la sonrisa en su boca y, al mismos tiempo, conectarla con el calor palpitante de su corazón.

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