Miércoles 11 de Julio de 2018 - 04:04 PM

Creer en medio de las tribulaciones

Hay heridas que nosotros mismos nos causamos, entre otras cosas, porque guardamos rencores o remordimientos absurdos. Diseñamos sufrimientos inútiles y nos enfrascamos en ellos, sin prever que siempre hay una solución para cada problema.
Archivo/VANGUARDIALIBERAL
Si manifestamos nuestra fe en medio de las tribulaciones nos llenamos de valor para enfrentarlas.
(Foto: Archivo/VANGUARDIALIBERAL)

Lo peor es que, a pesar de que somos responsables de lo que nos pasa, por alguna razón insistimos en echarle la culpa a Dios.

¿Por qué actuamos así?

Porque no hemos aprendido a controlarnos ante las adversidades. Como somos ‘fósforos’, nos exaltamos y maldecimos la vida misma solo porque las cosas no suceden como queremos.

Lo primero que debemos tener en cuenta es que Jesús no desea que las tribulaciones toquen a nuestra puerta. Por más mal que estemos y a pesar de que el dolor nos apriete, jamás debemos perder la fe.

La clave está en preguntarse para qué nos ocurren las cosas. No podemos dejarnos atormentar, ni perturbar, ni influenciar por las situaciones que denominamos como ‘difíciles’.

Tal y como dicen las Sagradas Escrituras, “si somos arrojados al abismo, si las bravas olas conspiran contra nosotros, si el viento huracanado se hace nuestro enemigo, si los cielos se ennegrecen y si todos los elementos se combinan para obstruir nuestra vía, hay que enfrentar todo con dignidad”.

Todo lo que el entorno nos traiga, tanto lo ‘bueno’ como lo ‘malo’, nos sirve de experiencia y nos ayuda a crecer.

Es preciso levantarnos y reforzar la fe, pues ella nos hará ver las cosas con mayor nitidez. La verdad es que aunque nuestro Dios todo lo puede, es preciso esperar el tiempo de Él.

Cuando nos sintamos atribulados y percibamos que algo se nos derrumba, establezcamos un diálogo directo con el Altísimo. Esa es una de las mejores formas de manejar las penas, siempre y cuando lo hagamos de una forma humilde.

Tampoco podemos olvidar que hay caídas que provocan ascensiones. Porque cada día recibimos nuevas lecciones y estamos aprendiendo constantemente. Además, si estamos preparados para las grandes batallas podremos sobrellevar todo lo que la vida nos depare.

Lo anterior Esto no supone andar peleando con nosotros mismos ni con Dios. Todo lo contrario, hay que reconciliarnos con lo más profundo de nuestro ser.

No solo estamos capacitados para resistir, sino también para vencer. Y pase lo que pase, asegurémonos en las manos del Señor, porque Él siempre será nuestro amigo.

Nuestro buzón

Las inquietudes asaltan con cierta frecuencia a nuestro estado de ánimo. Ellas rodean los pensamientos y a veces logran intoxicarnos; tanto que no encontramos respuestas satisfactorias. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad interesante para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que no lo dejan dormir o que lo mantienen preocupado? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto y, al mismo tiempo, ayudar a otras personas que estén afectadas por problemas similares a los suyos. Envíe sus líneas a Euclides Kilô Ardila al siguiente correo electrónico: eardila@vanguardia.com En este espacio, él mismo le responderá. Veamos el caso de hoy:

Testimonio

“Los malos ratos y las palabras necias de quienes me rodean me sacan la chispa. Hay días terribles en los que amanezco peleando con todo el mundo; a veces hasta me he ido a los puños con compañeros cansones. No es que yo sea mal geniado, sino que hay mucha gente que se la pasa inventando chismes y metiéndose en mi vida. Todo eso me tiene estresado. Quiero su consejo”.

Respuesta

Dicen que una de las características de las personas que tienen dominio de sí mismas, radica en que no se dejan amilanar por nada ni por nadie. Es cierto que en su vida tiene días terribles; pero percibo que la frustración le llega porque se deja contaminar e invadir por cosas o hechos que no deben afectarle. Aunque no lo crea, usted es el gestor de lo que le pasa y, por supuesto, se puede dar el lujo de botar lo que no le sirve en el momento que lo desee.

Se lo menciono porque, la verdad, no me parece acertado que se ponga en la tarea de acumular resentimientos y angustias. Tampoco puede ir por ahí recepcionando improperios que lo hagan vivir en un muladar.

La suciedad de las demás personas lo afecta cuando permite que ellas le vacíen todas sus inmundicias.

¿Para qué explota y para qué se va a los puños con los demás?

La vida no es una escuela de gladiadores; es decir, no se puede estar conviviendo y peleando a toda hora con quien no merece su atención.

Un alma fuerte logra maravillas en un cuerpo débil; un pensamiento agradable destruye un momento triste; y una sonrisa oportuna es un remedio preciso para una enfermedad.

Sienta palpitar la vida en todo lo que ve y analice de esa percepción qué es lo mejor para usted. Si no ve nada agradable, no se quede ahí.

Cuando la sombra de los días grises perturbe su crecimiento, eleve una plegaria al Sagrada Corazón de Jesús y pídale serenidad.

Haga el ejercicio y verá los resultados. Empiece por acercar la cesta de la basura y recuerde esto: basura que entra a su vida, basura que se va a esa caneca. Espero que logre la paz que tanto necesita.

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