Domingo 15 de Julio de 2018 - 12:01 AM

Dios nos da señales

Dios nos da muchas pistas y a veces no queremos darnos cuenta de ellas. Jamás debemos dudar de la presencia permanente de Jesús en nuestras vidas.

Hay gente que tiene habilidades para conocer, comprender o percibir algo de manera clara e inmediata, sin la intervención de la ‘razón’.

Algunos les llaman ‘intuiciones’, otros prefieren darles el apelativo de ‘presentimientos’ y no faltan los que les dan el título de ‘revelaciones’.

Para mí esos ‘poderes intuitivos’ son, de manera literal, valiosas señales de Dios. Hago referencia a esos hechos que podrían parecernos extraños pero que, en últimas, son avisos particulares que Él nos suministra.

Tales señales siempre llegan para protegernos de algún peligro, para guiarnos hacia lo que necesitamos o para que cambiemos algo que está mal en nuestras vidas.

Es evidente que el Creador se manifiesta en nuestra existencia a través de determinados acontecimientos que, en más de una ocasión, no alcanzamos a imaginar.

Dios nos habla por intermedio de los ángeles que nos custodian, de las parábolas que se leen en las Sagradas Escrituras y del amor que nos despliegan nuestros seres queridos.

Incluso se comunica con nosotros por intermedio de los obstáculos que se nos presentan porque con ellos, sin siquiera notarlo, solemos librarnos de problemas más graves.

También nos habla por medio de los ejemplos y las crudas realidades que vemos en los demás.

Yo pregunto: ¿Qué tanto nuestros corazones sienten el palpitar de esas señales? ¿Estamos o no dispuestos en todo momento a escuchar lo que Dios nos quiere decir?

Suele suceder que, por nuestra forma terca y soberbia de ser, no siempre estamos dispuestos a recibir los mensajes que Jesús nos envía.

Debemos prestarle mucha atención a nuestra conciencia, pues Dios puede hablarnos de manera directa a través de ella. Es decir, debemos obedecer esa voz interna que solemos escuchar, en lugar de cauterizarla.

También creo mucho en las coincidencias o en las casualidades. porque son esas circunstancias sutiles las que nos ayudan a enfocarnos.

Cuando lleguen a nosotros algunos de esos signos, es importante que le pidamos al Señor que nos dé el poder de la interpretación y, por supuesto, que le demos una aplicación real a lo que esté pasando en nuestro entorno.

También es preciso no tener miedo de estos mensajes. Dios no nos ha dado un espíritu de temor, sino de poder, de amor y de una mente sana.

Es preciso tener la lucidez para interpretar estas señales; y si algo es confuso, será fundamental pedirle al Creador que nos aclare su Santa Voluntad.

Este texto es una sencilla invitación a comprender que los mensajes de Dios siempre serán bendiciones. Y lo menciono porque, una vez sepamos lo que Él nos ha comunicado tenemos la responsabilidad de ponerlo en práctica.

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